Para volverse loco, A. K Benjamin
A. K Benjamin

Para volverse loco

424 páginas impresas
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Un tesoro de libro. Intrincado y profundamente íntimo, revela cosas que nos asombran, sorprenden y mejoran. —James Rhodes
Están sentados cara a cara, cada uno a un lado del escritorio. Uno habla y otro escucha. El paciente expone y el doctor diagnostica. Sin embargo, a veces los extremos se tocan.
La frontera entre la rareza y la enfermedad, la verdad y la fantasía, los despistes y la demencia senil o la excentricidad y la locura suele ser fina, y desde luego no es una línea recta.
A. K. Benjamin nos abre las puertas de su consulta y nos presenta a sus pacientes. A través de sus casos, narra una historia que es a la vez muchas historias. Construye una galería de espejos llena de giros inesperados y revelaciones que consigue poner en duda nuestras ideas sobre la locura, el amor y la autodestrucción. El autor va más allá de las anécdotas para desdibujar los límites de lo que consideramos “normal”. Solo a través de una prosa elocuente, irónica e incluso mordaz podría arrastrar al lector a profundizar en los conceptos más escurridizos de la neurociencia y la psiquiatría.
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Antonio Marts
Antonio Martscompartió su opiniónhace 2 meses
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Todo un viaje a un nuevo punto de vista, ese en el que los seres humanos dejamos de ser el centro del universo y lo compartimos equitativamente con todos los seres que ocupan y habitan este planeta.

Patricia Labarthe
Patricia Labarthecompartió su opiniónhace 5 meses
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realmenTe bueno

Antonio Marts
Antonio Martscompartió una citahace 5 meses
“Mientras nosotros somos, la muerte no está presente”.
Liborio Lazo-Aguirre
Liborio Lazo-Aguirrecompartió una citahace 4 meses
Si hemos de creer a Aristóteles, “los hombres comienzan y comenzaron a razonar movidos por el estupor”.
Patricia Labarthe
Patricia Labarthecompartió una citahace 5 meses
Los árboles dejan constancia de su paso por la Tierra dibujando círculos concéntricos, escriben corteza adentro sus secretos con el pulso firme, los trazos sinuosos y la caligrafía ligada y paciente de la savia seca; llevan la contabilidad precisa de sus años grabada en la piel. Mucho antes de que los seres humanos inventaran el alfabeto, los árboles ya practicaban su propia escritura. La trama de ese relato, pródigo en detalles, puede leerse en los surcos de su tronco mucho tiempo después de que el recuerdo de los acontecimientos que los inspiraron se haya disipado. Algunos de los ejemplares más longevos del planeta ya existían hace cinco mil años, cuando los primeros escribas sumerios y egipcios garabateaban con sus punzones signos e ideogramas en tablillas.
La corteza de un árbol no para de engrosar, dando lugar cada año a un anillo de crecimiento. Su número nos informa de su edad, y la amplitud y las tonalidades de las bandas nos aportan valiosa información acerca de las condiciones climatológicas, las catástrofes naturales y los fenómenos geológicos de ese período. Si no escasearon las lluvias ni las horas de sol, las anillas concéntricas serán anchas. Si, por el contrario, se han producido sequías y heladas, se verán más estrechas. La franja clara de cada banda se desarrolla durante los meses de primavera y verano, cuando las circunstancias
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