Al intentar racionalizarlo y justificarse, dijo que solo quería sexo oral de las prostitutas que escogía, algo que según él no debía pedir a su esposa, decente y respetable. Si la prostituta lo dejaba satisfecho, ahí se acababa todo. Las que no cumplieran, las que intentaran controlar la situación, a esas las castigaba.
Así, el comportamiento de Hansen reflejaba lo que habíamos aprendido en nuestra entrevista en la cárcel con Monte Rissell. Tanto Hansen como Rissell eran unos inadaptados con un pasado oscuro. Las mujeres que fueron objeto de la peor ira de Rissell eran las que intentaban fingir amabilidad o disfrute para aplacarlo. Lo que no veían era que, para ese tipo de individuo, el poder y la dominación de la situación lo es todo.