La felicidad estaba ahí, a un soplo, accesible mediante una simple operación de la conciencia; y, sin embargo, un instante después, la vista del esqueleto de cemento de un bloque de edificios sin terminar, o de una nave industrial abandonada, asediada de basura y carrocerías de coches, era suficiente para devolverles la percepción de que lo que ellos querían aún estaba lejos