Sonata De Primavera – Sonata De Estío, Ramón María Del Valle Inclán
Gratis
Ramón María Del Valle Inclán

Sonata De Primavera – Sonata De Estío

Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
Era una fuente rústica cubierta de musgo. Tenía un murmullo tímido como de plegaria, y estaba sepultada en el fondo de un claustro circular, formado por arcos de antiquísimos bojes. Yo me incliné sobre la fuente, y como si hablase con la imagen que temblaba en el cristal de agua, murmuré:
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
Llegaba a mí sofocado y continuo el rumor de las fuentes sepultadas entre el verde perenne de los mirtos, de los laureles y de los bojes. Una vibración misteriosa parecía salir del jardín solitario, y un afán desconocido me oprimía el corazón.
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
Yo estoy íntimamente convencido de que el Diablo tienta siempre a los mejores. Aquella noche el cornudo monarca del abismo encendió mi sangre con su aliento de llamas y despertó mi carne flaca, fustigándola con su rabo negro.
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
La noche y la luna eran propicias al ensueño, y pude sumergirme en una contemplación semejante al éxtasis. Confusos recuerdos de otros tiempos y otros amores se levantaron en mi memoria. Todo el pasado resurgía como una gran tristeza y un gran remordimiento. Mi juventud me parecía mar de soledad y de tormentas, siempre en noche. El alma languidecía en el recogimiento del jardín, y el mismo pensamiento volvía como el motivo de un canto lejano:
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
Yo quise varias veces acercarme a María Rosario. Todo fué inútil: Ella adivinaba mis intenciones y alejábase cautelosa, sin ruido, con la vista baja y las manos cruzadas sobre el escapulario del hábito monjil que conservaba puesto. Viéndola a tal extremo temerosa, yo sentía halagado mi orgullo donjuanesco, y algunas veces sólo por turbarla, cruzaba de un lado al otro. La pobre niña al instante se prevenía para huir. Yo pasaba aparentando no advertirlo. Tenía la petulancia de los veinte años. Otros momentos entraba en el salón y deteníame al lado de las viejas damas, que recibían mis homenajes con timidez de doncellas.
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
Desde el salón distinguíase el jardín, inmóvil bajo la luna, que envolvía en pálida claridad la cima mustia de los cipreses y el balconaje de la terraza, donde otras veces el pavo real abría su abanico de quimera y de cuento.
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
—¿Y por qué causa? —Por la muerte de Monseñor, y el luto de la casa. —Nada tiene que ver con la religión, Polonio.
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
—¡Un artista...! Hoy día ya no hay artistas. Los hubo en la antigüedad.
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
Desgraciadamente, quedéme sin superarlos, porque tales romanticismos nunca fueron otra cosa que un perfume derramado sobre todos mis amores de juventud. ¡Locuras gentiles y fugaces que duraban algunas horas, y que, sin duda por eso, me han hecho suspirar y sonreír toda la vida!
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
Yo sentía esa vaga y romántica tristeza que encanta los enamoramientos juveniles, con la leyenda de los grandes y trágicos dolores que se visten a la usanza antigua. Consideraba la herida de mi corazón como aquellas que no tienen cura y pensaba que de un modo fatal decidiría de mi suerte.
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
—¡Me quedo, porque os adoro!
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
en aquel momento yo sentí el deseo de arrodillarme y besar la mano del Prior. Aquella mano que sobre todos mis pecados podía hacer la cruz: Ego te absolvo.
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
Los graves teólogos hicieron corro para escuchar mis nuevas, y como era muy poco lo que podía decirles, tuve que inventar en honor suyo toda una leyenda piadosa y milagrera: ¡Su Santidad recobrando la lozanía juvenil por medio de una reliquia!
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
Salimos al corredor, que estaba solo, y sin poder dominarme estreché una mano de María Rosario y quise besarla, pero ella la retiró con vivo enojo:
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
Sobre la playa de dorada arena morían mansas las olas, y el son de los caracoles con que anunciaban los pescadores su arribada a la playa, y el ronco canto del mar, parecían acordarse con la fragancia de aquel jardín antiguo donde las cinco hermanas se contaban sus sueños juveniles a la sombra de los rosáceos laureles.
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
Calló, suspirando con la mirada abstraída, y en el fondo dorado de sus ojos yo creí ver la llama de un fanatismo trágico y sombrío.
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
—Son muy buenas y eso vale más. Yo guardé silencio, porque siempre he creído que la bondad de las mujeres es todavía más efímera que su hermosura.
Jaqueline Hernández
Jaqueline Hernándezcompartió una citahace 5 meses
María del Rosario salió la última. Creo que además de sus labios me sonrieron sus ojos, pero han pasado tantos años, que no puedo asegurarlo. Lo que recuerdo todavía es que viéndola alejarse, sentí que una nube de vaga tristeza me cubría el alma.
Iriany Valdez
Iriany Valdezcompartió una citael año pasado
Los cipreses del jardín levantaban sus cimas pensativas en el azul del crepúsculo
Iriany Valdez
Iriany Valdezcompartió una citael año pasado
¡El orgullo ha sido siempre mi mayor virtud!
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)