En otras palabras, Newton reconoce que existe el «tiempo» que mide los días y los movimientos, el de Aristóteles (relativo, aparente y banal); pero declara que, además de este, tiene que existir también otro tiempo. El tiempo «real»: que transcurre en cualquier caso, y es independiente de las cosas y de su acontecer. Si todas las cosas se quedaran inmóviles, y hasta los movimientos de nuestra alma se congelaran, ese tiempo, afirma Newton, seguiría discurriendo, imperturbable e igual a sí mismo: el tiempo «real». Es lo contrario de lo que escribía Aristóteles.