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Libros
Giulia Baldelli

El verano que nos queda

  • Almudena Anéscompartió una citahace 10 meses
    Todo esto me conviene. Quizá es ordinario, pero es como yo. Nunca aprenderé a columpiarme sobre las higueras, ni correré por las calles con la mochila llena de explosivos, ni haré promesas de amor en las aguas turbias de una poza.
  • Almudena Anéscompartió una citahace 10 meses
    un hombre me acaba de confesar la debilidad que poseemos los que amamos a quien por naturaleza no nos pertenece
  • Almudena Anéscompartió una citahace 10 meses
    si echar de menos al ser amado es esa ausencia que se alimenta de todo y que no devuelve nada, entonces, también yo la echo infinitamente de menos.
  • Almudena Anéscompartió una citahace 10 meses
    el mar es de quien sabe verlo y nadie tiene el derecho a reducirlo a una línea.
  • Almudena Anéscompartió una citahace 10 meses
    no estoy hecha para correr, nunca he sido ágil y me dirijo hacia el dolor desgarbada y de frente.
  • Almudena Anéscompartió una citahace 10 meses
    Esa es la única vez que mi madre se atreve a preguntarme qué es Cristi para mí. Es la única vez que nos acercamos, aunque con cautela, a la verdad sobre mis asuntos de cama. Más bien, del corazón. Ni siquiera para mi boda, años después, volvemos a hablar de ello. Quizá porque ya, cuando me pongo el anillo, tengo más de treinta, quizá porque una pareja de novios es más alentadora que dos mujeres jóvenes que comparten un cuchitril como habitación. O quizá porque no importa demasiado. Y mi madre, a pesar de la vejez, las genuflexiones rígidas y los falsos Jesús, lo sabe.
  • Almudena Anéscompartió una citahace 10 meses
    Dónde está mi padre, querría gritar. No quiero que sea un globo maltratado, un globo que vaga por el cielo de su salón desde hace años y que corre el riesgo de explotar de un momento a otro.
  • Almudena Anéscompartió una citahace 10 meses
    ―Podías haberme contado lo del trabajo, te podemos echar una mano ―me dice con los ojos velados.

    No es verdad, no pueden.

    ―Es solo un pasatiempo.

    Ella asiente.

    ―Por la noche, ¿vuelves sola?

    Tiene miedo, lo sé. Todos los días lee la crónica de Bolonia, me cuenta por teléfono sobre acuchillamientos, atracos, estudiantes agredidas.

    ―Me acompaña un amigo.

    ―¿De verdad?

    Sonrío.

    ―Mamá, vas a perder el tren ―le digo. Después le aprieto las manos. Siempre están suaves, cuidadas. Pero tiemblan ligeramente. El bar, un marido que pela manzanas hasta el infinito, una hija obligada a vivir en un tugurio.

    ―No debería de haber sido así ―me dice.
  • Almudena Anéscompartió una citahace 10 meses
    A ti nunca te interesaron las definiciones; a mí, sí. No puedo evitarlo, son mi único camino para la supervivencia. Y lo que te tengo que decir no es ni una confesión ni una admisión. Es solo la verdad, la mía. Esa que he callado desde que un día de junio de hace cincuenta años, en una vieja casa cerca de este bosque, te entregaron a mí. La verdad que no existirá hasta que tú, con tu singular modo de sentir, no te decidas a sacarla del silencio.

    Y puesto que sé que esta noche y en las pocas que me quedan tú nunca llegarás, lo haré a mi manera. Hablaré al límite de la oscuridad, me arrodillaré sobre la tierra más oscura rogándole que recoja nuestra historia y, cuando termine, le pediré a las cañas mojadas que diseminen mis palabras por el bosque. Por las calles del pueblo, por el fondo del agua, por el cielo. Para que lleguen hasta ti, Cristi, dondequiera que estés.
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