Gustave Flaubert

Madame Bovary

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Servando Ramoscompartió una citahace 5 meses
Le parecía que ciertos lugares de la tierra debían de favorecer la felicidad, como una planta propia de un suelo determinado que no prospera en cualquier parte.
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
Escribió entonces al farmacéutico del lugar para saber cuántos habitantes tenía el pueblo, a qué distancia se encontraba el colega más cercano, cuánto ganaba al año su antecesor, etc.;
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
Charles le costaba abandonar Tostes después de cuatro años de estancia y en el momento en que empezaba a situarse. ¡Pero si no quedaba otro remedio!
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
ya no ocultaba su desprecio por nada ni por nadie; y a veces se ponía a expresar opiniones muy raras, censurando lo que los demás aprobaban, y aprobando cosas perversas o inmorales que dejaban al marido boquiabierto de asombro.

¿Iba a durar siempre aquella miseria? ¿No saldría de ella nunca? ¡Y, sin embargo, valía tanto como todas las que eran felices!
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
como la mayoría de la gente de origen campesino,
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
abría las ventanas,
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
Encargaba para ella platos que luego no tocaba, un día no bebía más que leche sola y, al día siguiente, tazas de té por docenas.
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
Emma se volvía difícil, caprichosa.
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
Repetía que había que economizar, pues no eran ricos, añadiendo que estaba muy contenta, muy feliz, que Tostes le gustaba mucho, y otras cosas nuevas que cerraban la boca a la suegra
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
Ahora se despreocupaba totalmente de la casa,
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
con la estufa que echaba humo, la puerta que chirriaba, las paredes que rezumaban, los suelos húmedos; toda la amargura de la existencia le parecía servida en su plato, y, con los vapores del cocido, desde el fondo de su alma subían como otras tantas vaharadas de insipidez. Charles tardaba mucho en comer; ella mordisqueaba algunas avellanas o, apoyada en el codo, se entretenía haciendo rayas sobre el hule con la punta del cuchillo.
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
podía más, en aquella salita de la planta baja
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
Pero era sobre todo a las horas de las comidas cuando no
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
las contraventanas de su casa,
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Notasba que se le venía encima, más pesado, el aburrimiento.
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
Qué triste se sentía los domingos, cuando tocaban a vísperas! En medio de un aletargamiento atento, oía sonar uno a uno los tañidos de la cascada campana.
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
Pero para ella no ocurría nada. ¡Dios lo había
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el folletón del periódico; pues, a fin de cuentas, Charles era alguien, un oído siempre abierto, una aprobación siempre a punto. ¡Cuántas confidencias no hacía ella a su galga! Se las hubiera hecho a los tizones de la chimenea o al péndulo del reloj.
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
También a veces le hablaba de cosas que había leído, como de un pasaje de novela, de una comedia nueva, o de la anécdota de la alta sociedad que contaba
Manuel Robledocompartió una citahace 4 meses
cloqueo con cada sorbo y, como empezaba a engordar, los ojos, ya de por sí pequeños, parecían subírsele hacia las sienes por la hinchazón de los pómulos.
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