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Pedro Güell

La trama social de las prácticas culturales en Chile. Sociedad y subjetividad en el consumo cultural de los chilenos

Los ‘bienes culturales’ han adquirido cada vez mayor importancia al ritmo de la masificación del consumo, del peso creciente de los mercados en la vida social, de la expansión de los derechos a la participación cultural y del aumento e importancia de los intercambios de símbolos en las redes globales. Empujados por esas tendencias, se han constituido en un nuevo motor de los cambios sociales, de las identidades personales y, por cierto, de las dinámicas de la economía. En suma, los bienes culturales ―potenciados por las llamadas ‘industrias creativas’― se han vuelto desde hace un tiempo un hecho sociológico relevante que demanda análisis y discusión.
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Citas

    sarellymcompartió una citahace 7 años
    Canasta Básica de Consumo Cultural para Chile está compuesta por quince bienes y servicios culturales. Cada uno de ellos surge a partir de una revisión de estudios a nivel internacional y representan, a grandes rasgos, las principales áreas existentes en las actuales industrias culturales. Además, son los bienes y servicio
    sarellymcompartió una citahace 7 años
    A menor desarrollo económico, menor consumo cultural. El sur mexicano, que contiene a los estados más pobres, posee también una baja condición de consumo cultural en casi todas las variables, menos en las visitas a las zonas arqueológicas; observando el mapa de su distribución en el territorio, son más numerosas las que están abiertas al público en el Sur del país que en el Norte9. Algo semejante se observa en el estudio chileno de 2004, donde la región de Aysén tiene bajo consumo cultural salvo en la categoría de conciertos y recitales, y es notable que la región de La Araucanía, que contiene la mayor población indígena respecto las otras regiones, no representa los más bajos consumos culturales.
    sarellymcompartió una citahace 7 años
    En cuanto al estudio del consumo cultural, el informe construye un sencillo índice de consumo a partir de la participación de los encuess-tados en siete campos: diarios, revistas, libros, música, cine, exposiciones y conciertos. A partir de este índice, los autores dividen a los consumidores culturales en cuatro niveles de consumo: mínimo (los que no consumen ninguno de los siete ítem), bajo (que solo participan en uno), medio (que lo hacen en dos o tres) y alto (que participan en cuatro a siete). Estos g
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