En el poema incompleto Aquileida, escrito por Estacio en el siglo I, se narra una versión del mito del nacimiento de Aquiles que no aparece en otras fuentes: cuando Aquiles nació, Tetis intentó hacerlo inmortal sumergiéndolo en el río Estigia. Sin embargo, su madre lo sostuvo por el talón derecho para introducirlo en la corriente, por lo que ese preciso punto de su cuerpo quedó vulnerable, siendo la única zona en la que Aquiles podía ser herido en batalla
Como Aquiles, tuvo un punto débil, una profunda debilidad que no fue otra que dejarse conmover por el dolor y el sufrimiento de los seres humanos y desde la común vulnerabilidad-humanidad reconocer a todos como hermanos, hijos de un mismo Padre
En la herida del otro reconocemos la común vulnerabilidad. Como nos enseñó Hegel, ningún amo se siente reconocido si reduce a su esclavo a objeto o cosa. Cuando ambos descubrimos que tenemos carne y sangramos, tenemos heridas y sufrimos, tenemos vida y estamos amenazados por la muerte, se produce un cambio profundo en la relación, aparece el reconocimiento de la común humanidad, una sutil hermandad en la carne.
El nazareno, símbolo hondo de lo humano, vulnerable y vulnerado desde el nacimiento (“no había posada” y tuvo que nacer en un portal), salió a los caminos del dolor y se dejó alcanzar por el sufrimiento de los otros. Así es como llegó a reconocer a los otros pecadores, paganos, enfermos y extranjeros que su sociedad excluía y se negaba a reconocer y ver. No buscó el sufrimiento, pero su compasión por los otros le llevó irremediablemente a sufrir por los otros y con los otros.
Carolina Montero plantea una honda cuestión: ¿Qué hacer ante la propia herida? Responde que hay vulnerabilidades que esponjan el corazón y humanizan, pero hay vulnerabilidades que deshumanizan y cierran el corazón.
a conciencia, para Freud, no es otra cosa que la capacidad de reconocer el propósito de los propios actos e intenciones. La conciencia conlleva un reconocimiento.
La herida es anterior al amanecer de la conciencia adulta. Nacemos en un mundo roto, en un mundo herido, en familias heridas y rotas, de relaciones heridas y rotas. Nacemos del don y de los abismos, de la gracia y del pecado, del compromiso y del olvido, del amor y del odio. Nacemos fuera del Edén, expulsados de territorios virginales y paraísos.

vincular con el concepto antropologico de Ricoeur en Mena.

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