Citas de “Máquinas como yo” de Ian McEwan

Fabian Panza
Fabian Panzacompartió una citael mes pasado
Así, sin saber gran cosa sobre la mente, quieren fabricar una artificial e introducirla en la vida social. El aprendizaje de la máquina solo puede llevarnos hasta aquí. A esta máquina habrá que fijarle unas normas de vida. ¿Le impondremos la prohibición de mentir? La mentira, según el Antiguo Testamento, en Proverbios, creo, es para Dios un acto abominable. Pero la vida social está llena de falsedades inocuas o incluso beneficiosas. ¿Cómo separar ambas? ¿Quién va a escribir el algoritmo de la mentira piadosa encaminada a evitar el sonrojo de un amigo? ¿O la mentira que manda a un violador a la cárcel y evita así que siga libre? Aún no sabemos cómo enseñar a mentir a las máquinas. ¿Y qué decir de la venganza? Permisible a veces, según usted, si se ama a la persona que la exige. Pero inaceptable siempre, según su Adán
Fabian Panza
Fabian Panzacompartió una citael mes pasado
Creo que a los Adanes y las Evas no les han dotado bien de comprensión de la toma de decisiones humanas, del modo en que nuestros principios se deforman en el campo de fuerza de nuestras emociones, nuestros prejuicios personales, nuestros autodelirios y demás defectos de nuestra cognición. Estos Adanes y Evas se desesperaban muy pronto. No podían entendernos, porque tampoco nosotros podemos entendernos. Sus programas de aprendizaje no lograban ubicarnos. Si no conocíamos nuestra propia mente, ¿cómo es que podíamos diseñar la suya y esperar que fueran felices en nuestra compañía? Pero no es más que una hipótesis mía
Fabian Panza
Fabian Panzacompartió una citael mes pasado
Creamos una máquina con inteligencia y conciencia de sí misma y la obligamos a habitar nuestro mundo imperfecto. Concebida conforme a unas líneas racionales, y bien dispuesta para con los demás, esta mente pronto se verá enfrentada a un huracán de contradicciones. Nosotros hemos vivido con ellas, y su lista nos abruma. Millones de seres mueren de enfermedades que podemos curar. Millones de seres viven en la pobreza cuando existen medios para abolirla. Degradamos la biosfera cuando sabemos que es nuestra única casa. Nos amenazamos con armas nucleares cuando sabemos adónde podrían llevarnos tales amenazas. Amamos las cosas vivas pero permitimos la extinción masiva de especies. Y todo lo demás: genocidios, torturas, esclavitudes, asesinatos de género, abuso de menores, tiroteos en escuelas, violaciones y otras muchas atrocidades diarias. Vivimos con estos tormentos y no nos asombramos cuando aun así encontramos la felicidad, e incluso el amor. Las mentes artificiales no saben defenderse con tanto éxito.
Fabian Panza
Fabian Panzacompartió una citahace 2 meses
medicina y la ciencia no llegarían a ser socios al ciento por ciento hasta muy entrado el siglo XX. Incluso en los años cincuenta se seguían extirpando las amígdalas a niños sanos siguiendo la práctica tradicional en lugar de pruebas concluyentes al respecto
Fabian Panza
Fabian Panzacompartió una citahace 2 meses
El cerebro y la electrónica estaban estrechamente relacionados: lo descubrí en la adolescencia mientras montaba ordenadores sencillos y los programaba yo mismo. Luego ordenadores complejos. La electricidad y unos trozos de metal podían sumar números, componer palabras, imágenes, canciones, y recordar cosas e incluso convertir el habla en escritura.
Fabian Panza
Fabian Panzacompartió una citahace 2 meses
Pagué una fortuna en nombre de la curiosidad, ese inquebrantable motor de la ciencia, de la vida intelectual, de la vida misma.
Lo anunciaban como compañía, como pareja intelectual con quien medirse, como amigo y factótum capaz de fregar los platos, hacer la cama y «pensar». Era capaz de registrar y recuperar cada momento de su existencia, cada cosa que oía y veía
–Usted no solamente destrozó la cabeza de su juguete como un niño mimado. No solo invalidó un argumento importante en pro del imperio de la ley. Trató de destruir una vida. Su Adán era un ser sintiente. Tenía un yo. Cómo se había generado..., neuronas de laboratorio, microprocesadores, redes de ADN..., importa poco. ¿Cree usted que somos los únicos con un don especial? Pregúntele a cualquiera que tenga un perro.
Me siento... –Abrió la boca buscando la palabra–. Nostálgico.

–¿De qué?

–De una vida que nunca he tenido. De lo que podría haber sido.

–¿Te refieres a Miranda?
Adán siguió deslizándose hacia su versión dormida. Me la había descrito de varias formas; no soñaba, «vagaba». Ordenaba y reorganizaba sus archivos, reclasificaba sus recuerdos (de los más recientes a los más antiguos), representaba conflictos internos con disfraces diversos, normalmente sin resolverlos, rescataba viejos materiales para remozarlos y se movía, como dijo en una ocasión, como en un trance por el jardín de sus pensamientos.
Una conciencia «entendía» de forma inconsciente.
Jamás se me había ocurrido que el hecho de vomitar pudiera constituir un acto moral.
Eras el agente de la retribución. Quizá la palabra sería «ángel». El ángel vengador.
–¿Y qué libros has leído últimamente?

Era la peor de las preguntas que podría haberme hecho. Yo leía en la pantalla: periódicos, sobre todo, o vagaba por páginas científicas, culturales, políticas, y por blogs de temas generales. La noche anterior había estado absorto en un artículo de una revista de divulgación de electrónica.
Miranda me había explicado que entre los de su generación se daba cierto tipo de escepticismo irascible. Y que había que pasar por alto esto, porque lo que había debajo no era sino juego travieso. Lo que querían, me dijo, era que respondiéramos atacando y que fuéramos inteligentes al respecto.
Me he enterado de que los fabricantes barajaron la idea de dotarnos de una serie de recuerdos infantiles creíbles para que pudiéramos encajar en cualquier medio humano. Me alegra que cambiaran de idea. No me habría gustado empezar con una historia falsa, con un engaño atractivo. Al menos sé lo que soy, y dónde y cómo me han construido.
estado de ánimo, caí en la cuenta, era crepuscular. El alborozo de las multitudes obraba ese efecto en mí.
Estudiantes de clase media y jóvenes proletarios se unieron en un electorado airado, decididos a hacer valer sus votos por primera vez. Los jefes de los sindicatos, líderes curtidos y duros, eran abucheados en los mítines por elocuentes feministas con extrañas ideas nuevas. Activistas ecológicos de nuevo cuño, liberacionistas gays, espartaquistas, situacionistas, comunistas milenaristas y Panteras Negras eran también motivos de fastidio para la vieja izquierda. Cuando Benn aparecía en los mítines, era ovacionado como una estrella de rock.
Pero en todo su maravilloso código no hay nada que pudiera preparar a Adán y a Eva para Auschwitz.
Y le podría contar otros ejemplos de la tristeza de las máquinas.
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)