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Slavoj Zizek

El año que soñamos peligrosamente

2011 fue el año en que soñamos peligrosamente, el año del resurgimiento de la política emancipatoria radical en todo el mundo. Ahora, un año después, cada día nos trae nuevas pruebas de cuán frágil e inconsistente fue ese despertar, como prueban los nuevos síntomas de agotamiento: el entusiasmo de la primavera árabe se encuentra bloqueado entre pactos inestables y fundamentalismo religioso; el movimiento Occupy Wall Street está perdiendo impulso hasta tal punto que, en un buen ejemplo de «astucia de la razón», las cargas policiales en el parque Zucotti y otros lugares de protesta parecen un mal menor, ocultando la inminente pérdida de inercia del movimiento. La misma historia se repite en todo el mundo: los maoístas en Nepal parecen superados por las fuerzas realistas reaccionarias; el experimento “bolivariano” de Venezuela parece estar retrocediendo cada vez más hacia un populismo caudillista…

¿Qué debemos hacer en momentos tan deprimentes, cuando los sueños parecen desvanecerse? ¿La única elección que nos queda es aquella entre el recuerdo nostálgico-narcisista de los momentos sublimes de entusiasmo y la explicación cínica-realista de por qué esos intentos de cambiar la situación estaban inevitablemente destinados al fracaso?
480 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2011
Año de publicación
2011
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Citas

  • Sandra Fernándezcompartió una citahace 5 años
    la materialización de la ideología en la materialidad externa revela antagonismos intrínsecos que la formulación explícita de la ideología no puede permitirse el lujo de reconocer
  • Jorge Andres Vilches Valladarescompartió una citahace 3 años
    4. Tras la caída

    Así llegamos a la siguiente característica: la del problema de la Caída. Frente a la idea de sentido común de que fantasear es satisfacer, mediante una realización alucinatoria, deseos prohibidos por la ley, la narración fantasmática no escenifica la suspensión-transgresión de la ley, sino el acto mismo de su instalación, de la intervención del corte de la castración simbólica: al fin y al cabo, lo que la fantasía trata de escenificar es la «imposible» escena de la castración. Por ese motivo, la fantasía en cuanto tal es, por su propia naturaleza, algo así como una perversión: el ritual perverso escenifica el acto de la castración, de la pérdida primordial que permite al sujeto acceder al orden simbólico. Seamos más precisos: a diferencia del sujeto «normal», para el que la ley funciona como una instancia que prohíbe y regula (el acceso al objeto de) su deseo, para el perverso el objeto de su deseo es la propia ley: la ley es el Ideal que anhela, su deseo es ser plenamente reconocido por ella, estar integrado en su funcionamiento… La ironía de la situación salta a la vista: el perverso, «transgresor» par excellence que aparenta quebrantar todas las normas de la conducta «normal» y decente, en realidad anhela el propio gobierno de la ley14.
  • Carolina Barrioscompartió una citahace 3 años
    Sin embargo, el concepto psicoanalítico de fantasía no se puede reducir al de una trama fantasmática que oculta el horror de una situación dada; lo primero que cabe añadir es que, obviamente, la relación entre la fantasía y lo que encubre –el horror de lo Real– resulta mucho más ambigua de lo que parece a primera vista: la fantasía encubre ese horror, pero, al mismo tiempo, alumbra aquello mismo que supuestamente encubre, su punto de referencia «reprimido»

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