Libros
Judith Shklar

Los rostros de la injusticia

«Una meditación provocativa sobre el significado y alcance de la injusticia humana -sus variedades y su relación tanto con la psicología humana como con la desigualdad social y económica.» — Martha Nussbaum

«Una mirada original sobre nuestra sociedad y la política.» — Fernando Vallespín

A pesar de su enorme éxito docente y de la publicación de una decena de libros, Judith Shklar —primera mujer que ocupó la cátedra de Ciencia Política en Harvard y la presidencia de la Asociación Americana de Ciencia Política— no solo no ha alcanzado la repercusión de otros grandes de la teoría política estadounidense como Rawls, Walzer o Nozick, sino que continúa siendo una completa desconocida en el ámbito hispanohablante.

El aspecto más original de su obra, que la vincula con Berlin y Arendt, es el liberalismo del miedo. El siglo XX pone ante nuestros ojos un paisaje de horrores que no ha conseguido mitigarse, ya que violencia, crueldad y coerción persisten en la mayoría de las sociedades, y afectan sobre todo a los más desfavorecidos, lo que impide ilusionarse con la política. No hay más solución que la liberal de un gobierno limitado constitucionalmente, el Estado de derecho. Pero este no debe ser interiorizado como un mero seguimiento de reglas por parte de autoridades y ciudadanos, sino que ha de darse un activismo vigilante: lo importante es institucionalizar la sospecha, ya que solo una población desconfiada puede quitarse de encima el miedo y velar por sus derechos.

La tesis central de la presente obra, en la que se dan la mano Montaigne y Rousseau, es que las teorías de la justicia desarrolladas desde Platón hasta Rawls han generado una concepción de la misma como algo abstracto e impersonal que no abarca todas las dimensiones de su opuesto, la injusticia. Solo si nos comprometemos y, mediante procedimientos democráticos, expresamos permanentemente nuestro sentido de la injusticia, conseguiremos que los gobernantes se impliquen en tratar de aminorarla.
237 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2014
Año de publicación
2014
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Citas

    Adal Cortezcompartió una citael año pasado
    Mon­taigne no compartía la opinión de que un hombre de honor debiera quebrar su fe por su príncipe. «El bien público requiere que los hombres traicionen, mientan y masacren. Permítasenos dejar ese cargo a hombres más obedientes y conformistas.» Claramente, aquí el honor es más importante que el bien público, o aquellos que gobiernan tienen una noción falsa de lo que es esto último. «Si la perfidia puede alguna vez ser excusable, es sólo cuando se usa para castigar o traicionar la perfidia», continúa Montaigne. Para él, el conflicto oscila entre el honor personal y la traición pública.
    Adal Cortezcompartió una citael año pasado
    Sin instituciones jurídicas y sin las creencias que las apoyan no puede haber relaciones sociales decentes, justas y estables, sino sólo angustia, desconfianza mutua e inseguridad.
    b2472465558compartió una citahace 2 años
    amplio, que no se limite simplemente a constatar la ausencia de lo debido, de lo justo? La respuesta a esta pregunta está lejos de ser obvia, porque la gran tradición de la ética parece rechazar esta propuesta. La razón es que existe un modo, por así decir

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