Lo que aprendemos de los gatos, Paloma Díaz-Mas
Paloma Díaz-Mas

Lo que aprendemos de los gatos

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Alejandra Arévalo
Alejandra Arévalocompartió una citael año pasado
Los seres humanos –piensa el gato– padecen una enfermedad congénita degenerativa que se llama Razón.
Erika Coronel
Erika Coronelcompartió una citahace 3 meses
Su miedo dura sólo un momento: el momento en el que se produce. El nuestro se prolonga en el tiempo, se arrastra en recuerdos y se proyecta hacia un futuro desconocido e imprevisible.
dianalauraaa
dianalauraaacompartió una citael año pasado
Llorosos, no pudimos no pensar que una muerte así, tan fácil, también la querríamos algún día para nosotros.
Alejandro Cano
Alejandro Canocompartió una citahace 9 días
No son niños, no son bebés. Son seres adultos y, como tales, capaces de valerse por sí mismos y dotados, a veces, de una sabiduría para la vida que a nosotros se nos escapa. Por eso, cuando nos ponemos demasiado pesados con nuestros mimos, ellos amagan un pequeño zarpazo que nunca llega a hacer sangre, pero que pone límites y exige respeto; es su manera de decir «no soy tu juguete, no soy tu cría; soy un adulto de otra especie».
Alejandro Cano
Alejandro Canocompartió una citahace 9 días
Algunos seres humanos, patológicamente, llegan a fingir una relación familiar espuria con los animales domésticos, se denominan a sí mismos «papá» o «mamá» de un gato, de un perro, de un canario o de una iguana.
Alejandro Cano
Alejandro Canocompartió una citahace 9 días
Nuestro intento de engalanar absurdamente a un animal que era ya bello de por sí, sin necesidad de aditamentos, quedó abandonado en mitad del parquet del salón, haciendo patente lo que era: un objeto inútil.
Alejandro Cano
Alejandro Canocompartió una citahace 9 días
consecuencia de esa saturación de ideas en el cerebro es que los seres humanos son en general incapaces de hacer cosas tan sencillas como acomodarse y dejar la mente en blanco. Les resulta dificilísimo –por no decir imposible– conseguir un estado tan simple como es no pensar. Ni que decir tiene que eso les imposibilita para vivir el presente: su cuerpo está aquí y su cabeza está siempre en el lugar inexistente del pasado o del futuro adonde les llevan sus ideas.
Alejandro Cano
Alejandro Canocompartió una citahace 9 días
Mira, ha vuelto el gato!», y le hacían nuevas ofrendas de comida o se atrevían a mostrarle su sumisión frotándole la palma de una de sus manos por el lomo, que es la forma como los humanos manifiestan su sujeción a los gatos.
Alejandro Cano
Alejandro Canocompartió una citahace 10 días
Los seres humanos –piensa el gato– padecen una enfermedad congénita degenerativa que se llama Razón. Esa enfermedad afecta gravemente a la calidad de vida de los humanos y, si no se trata adecuadamente, sometiendo a la Razón a períodos más o menos largos de inactividad, puede ser letal para el espíritu.
Francisco Peralta
Francisco Peraltacompartió una citahace 16 días
En todos los rincones de la casa empezamos a encontrar cosas que eran suyas; no nos habíamos dado cuenta de que tuviera tantas. Siempre pensamos que los animales no poseen nada, que todo lo que tienen es nuestro, pero entonces nos dimos cuenta de que es al revés: muchas de las cosas que creemos nuestras son, en realidad, suyas, desde el momento en que ellos las usan y para nosotros no tienen ya ninguna utilidad
Francisco Peralta
Francisco Peraltacompartió una citahace 16 días
tan lejos, tan deseado, no por inalcanzable menos perseguido
Sara Aquino
Sara Aquinocompartió una citahace 23 días
De esa manera empezó el gato a domesticar al hombre, pues el primer paso para domesticar a un animal es que éste acepte la presencia de su amo sin atacarle, y el gato había conseguido que el hombre aceptase su presencia e incluso la desease.
Sara Aquino
Sara Aquinocompartió una citahace 24 días
La última fase es conseguir que se dejen tocar el bosquecillo de seda de la tripa, donde la piel es más suave. Cuando se acostumbran, les gusta tanto que acaban convirtiéndolo en uno de los muchos derechos humanos que tienen los gatos: se ponen panza arriba y exigen con maullidos (a veces, a grandes voces) que les toquemos la tripa de una vez. Y nosotros nos agachamos para complacerlos, conmovidos por la confianza que nos tiene esa pequeña fiera tumbada sobre su lomo, con las patitas encogidas, ofreciéndonos su parte más vulnerable, allá donde un predador clavaría los dientes para desgarrar la piel y llegar a las alimenticias entrañas. En esa postura, matarlos nos sería muy fácil, si quisiéramos. Pero no queremos, y ellos lo saben.
Sara Aquino
Sara Aquinocompartió una citahace 24 días
i la Carta de los Derechos del Hombre hubiera sido redactada por gatos, probablemente el ver pajaritos se hubiera recogido en ella como un derecho inalienable, tan inalienable como la vida o la libertad; a falta de cosa mejor, sin duda ver pajaritos figuraba en un lugar preferente en la Carta de Derechos de los Gatos, un código legal mucho más modesto pero no menos exigente.
Sara Aquino
Sara Aquinocompartió una citahace 25 días
Mala señal: los animales se acochan para morir, como si supieran que uno muere solo y lo mejor en ese momento es evitar cualquier compañía.
Sara Aquino
Sara Aquinocompartió una citahace 25 días
Al fin murieron:
apenas un suspiro
y quedó de ellos un jirón de piel suave, casi nada,
sigilosos y dignos
en la muerte como en la vida.
Así fueron nuestros gatos
b0620977924
b0620977924compartió una citael mes pasado
pues los hombres van perdiendo sabiduría a medida que crecen, y ello es por causa de una enfermedad que sufren, que se llama Razón
b0620977924
b0620977924compartió una citael mes pasado
De esa manera empezó el gato a domesticar al hombre, pues el primer paso para domesticar a un animal es que éste acepte la presencia de su amo sin atacarle, y el gato había conseguido que el hombre aceptase su presencia e incluso la desease.
b0620977924
b0620977924compartió una citael mes pasado
Por eso los gatos no tienen amo y la convivencia con ellos es siempre producto de un pacto, de una negociación, no de una dominación (si acaso, son los gatos los que dominan a los seres humanos, esos animales enormes y, no obstante, bastante dóciles).
corinthialopez
corinthialopezcompartió una citael mes pasado
A ver pajaritos solía dedicar mañanas enteras, en especial en los días claros de primavera y de otoño. Ver pajaritos era un derecho gatuno continuamente reivindicado. Si la Carta de los Derechos del Hombre hubiera sido redactada por gatos, probablemente el ver pajaritos se hubiera recogido en ella como un derecho inalienable, tan inalienable como la vida o la libertad; a falta de cosa mejor, sin duda ver pajaritos figuraba en un lugar preferente en la Carta de Derechos de los Gatos, un código legal mucho más modesto pero no menos exigente.
Observaba durante horas el vuelo de los gorriones que, desinhibidos y provocadores, llegaban a posarse en el mismo alféizar de la ventana en la que Tris-Tras estaba apostada, dispuesta a la caza: lástima que hubiese un cristal entre la presa y aquella menuda cazadora alerta, que acechaba con las orejas aguzadas, el lomo erizado y las patas traseras en tensión, dispuesta a un salto asesino que nunca podría producirse. Los gorriones, listos, sabedores de la existencia de aquella barrera invisible, se exhibían, descarados, ante la mirada impotente y excitada de una fiera cazadora encerrada en una urna de cristal.
En algunas de las fotos que a
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