Citas de “El jugador” de Fiódor Dostoievski

Carlos Martinez
Carlos Martinezcompartió una citahace 2 años
—¡No importa! Quien teme al lobo no va al bosque. Bien, ¿hemos perdido? ¡Pues vuelve a jugar!
Ale Rodríguez
Ale Rodríguezcompartió una citahace 2 meses
Sí; a veces la idea más absurda, la idea más fantástica en apariencia, se apodera de nosotros con tal fuerza que acabamos por creerla realizable…

Más todavía: si esa idea se asocia a un deseo violento, apasionado, se considera como algo fatal, ineludible, predestinado.

Quizá medie en ello un no sé qué, una combinación de presentimientos, un esfuerzo extraordinario de la voluntad, una intoxicación por la propia imaginación.
Michel Isidro
Michel Isidrocompartió una citael año pasado
Iba a levantarse. Su voz sonaba irritada. Desde hacía tiempo nuestras entrevistas terminaban siempre en exasperación, en animosidad; sí, ésa es la palabra: animosidad.
Rachid Ghanem
Rachid Ghanemcompartió una citahace 2 años
Quizás estas sensaciones múltiples, lejos de saciar el alma, no hacen más que irritarla y hacer que exija sensaciones nuevas, cada vez más intensas hasta el agotamiento total
Rachid Ghanem
Rachid Ghanemcompartió una citahace 2 años
Por otra parte, tampoco oculta que le soy necesario y que me tiene como reserva para otras ocasiones propicias.
Max Walker
Max Walkercompartió una citahace 3 días
las Memorias del general Perovski
Ale Rodríguez
Ale Rodríguezcompartió una citael mes pasado
En efecto, al hombre le gusta ver a su mejor amigo humillado ante él. Es más, la amistad se basa frecuentemente en la humillación.
Ale Rodríguez
Ale Rodríguezcompartió una citael mes pasado
¡Mil setecientos florines en menos de cinco minutos! ¡Ciertamente, en semejantes momentos se olvidan todos los fracasos anteriores!
Ale Rodríguez
Ale Rodríguezcompartió una citael mes pasado
La misma noche fui a la ruleta. ¡Cómo palpitaba mi corazón! ¡No, no era el dinero lo que yo entonces buscaba! Sólo quería que al día siguiente todos aquellos Hinze, aquellos oberkellner, todas aquellas bellas damas de Baden hablaran de mí, se contaran mi historia unos a otros, me alabaran y se inclinaran ante mi suerte.
Ale Rodríguez
Ale Rodríguezcompartió una citael mes pasado
¿Qué soy ahora? Un cero. ¿Qué puedo ser mañana? ¡Mañana puedo resucitar de entre los muertos, comenzar una vida nueva! Puedo descubrir al hombre que hay en mí todavía en tanto que no esté hundido del todo.
Ale Rodríguez
Ale Rodríguezcompartió una citael mes pasado
Las gentes satisfechas de sí mismas, ¡con qué orgullosa satisfacción están dispuestas a censurar la conducta ajena!
Ale Rodríguez
Ale Rodríguezcompartió una citahace 2 meses
“No tengo intención de tirarte de las orejas, pero permíteme que te dé un tirón para mantener las apariencias”…
victoria74raziel
victoria74razielcompartió una citahace 3 meses
—Eso es un disparate, eso es absurdo… es… Sepa —exclamó Mr. Astley, con voz temblorosa y los ojos centelleantes—, sepa usted, hombre ingrato e indigno, desgraciado y mezquino, que he venido a Homburg a petición expresa de ella, a fin de verle, hablarle seriamente, y llevarle luego, a mi vuelta, todas las ideas, las palabras, los recuerdos de usted.

—¿De verdad? ¿Es posible? —exclamé, vertiendo un torrente de lágrimas. Era la primera vez que lloraba en mi vida.

—Sí, desdichado; ahora que es usted un hombre perdido se lo puedo decir. Aún más, puedo asegurarle que le ama todavía, a pesar de que está usted aquí. ¡Está usted perdido! Antes no era malo, poseía aptitudes, hubiera podido ser útil a su patria, que tan necesitada está de hombres inteligentes. Pero usted no se moverá de aquí y arruina su vida. No le censuro. En mi opinión, todos los rusos están cortados por su mismo patrón. Cuando no es la ruleta, es otra cosa por el estilo. Las experiencias son muy raras. Usted no es el primero
victoria74raziel
victoria74razielcompartió una citahace 3 meses
al Des Grieux de ahora, más piensa en el antiguo, aunque este último no haya existido más que en su imaginación. ¿No tiene usted intereses en un negocio de azúcar, Mr. Astley?

—Sí, soy uno de los comanditarios de la gran refinería Lowell &Co.

—Bien, Mr. Astley. Ser un Apolo de Belvedere y comanditar una refinería no son cosas compatibles, como verá. Por lo que a mí respecta, no soy más que un miserable jugadorzuelo, que no tiene negocios, que ha dejado de hacer de criado, y eso miss Paulina, que tan bien montado tiene su servicio de espionaje, no lo ignora.

—Está usted amargado, y por eso se le ocurren tantos disparates—dijo, flemáticamente, Mr. Astley—. Sus palabras carecen del sello de la originalidad.

—¡De acuerdo! Pero lo triste, amigo mío, es que habla en mí la voz de la verdad. Ni usted ni yo hemos podido conseguir su amor
victoria74raziel
victoria74razielcompartió una citahace 3 meses
Aunque no le agrade oírlo, Mr. Astley, debo confesarle que encuentro a la mayoría de los ingleses orgullosos e inelegantes. Los rusos tienen un sentido bastante delicado de la belleza. Mas, para discernir la belleza del alma y la originalidad, es preciso una independencia y una libertad superiores a la que poseen nuestras mujeres, y, en todo caso, más experiencia. Una miss Paulina —perdóneme, se me ha escapado este nombre— necesita mucho tiempo para resolverse a darnos la preferencia sobre un pícaro como Des Grieux. Le apreciará, le abrirá su corazón, pero ese corazón palpitará por el pícaro, el vil y mezquino usurero Des Grieux.

Lo hará por tozudez, por amor propio, porque Des Grieux se presentó ante ella con la aureola de marqués elegante, de hombre generoso, que se había arruinado para ayudar a su familia y a ese pobre diablo del general. Todas estas maniobras han sido descubiertas. Pero poco importa. Déle el Des Grieux de otro tiempo —he aquí lo que necesita—. Y cuanto más odia
victoria74raziel
victoria74razielcompartió una citahace 3 meses
si lo queremos como si no, un gran poeta. El francés tipo, es decir, el parisien, se ha formado en el molde de la elegancia, mientras que nosotros éramos todavía una especie de osos desgarbados. La revolución heredó a la nobleza.

Ahora el francés más obtuso puede tener modales, procedimientos, expresiones, y hasta ideas de una forma sorprendentemente elegante, sin que para ello intervenga su voluntad, su alma o su corazón. Todo eso le ha sido transmitido por herencia. Pero pueden ser frívolos e incluso viles hasta el último extremo.

Sepa usted que no existe criatura más confiada y más franca que una joven rusa, buena, inteligente y sencilla. Un Des Grieux, en cualquier forma que se presente, puede ganar su corazón fácilmente. Tiene elegancia, Mr. Astley, y la joven toma aquella elegancia por su propia alma, por la forma natural de su alma y de su corazón, y no como vestimenta heredada
victoria74raziel
victoria74razielcompartió una citahace 3 meses
—Si asocia usted el nombre de Des Grieux a otro nombre que no sea el de Paulina le exigiré me explique qué quiere decir con la expresión “un francés y una muchacha rusa” y qué entiende por relaciones. ¿Por qué, precisamente, un francés y una joven rusa?

—¡Ah, ah, es eso lo que le interesa! Es una historia larga de contar, Mr. Astley. Sería preciso conocer bien, previamente, muchas cosas. Por otra parte, se trata de una cuestión muy seria… por cómica que parezca a primera vista. Un francés, Mr. Astley, es una “forma” terminada, elegante. Usted, como inglés, puede no convenir en ello; yo, como ruso, tampoco estoy conforme, aunque no sea más que por envidia, quizá. Pero nuestras muchachitas parecen ser de otra opinión.

Racine puede parecer a usted preciosista, amanerado y perfumado, y le costará trabajo leerle. A mí también me parece preciosista, amanerado, perfumado, incluso ridículo, desde cierto punto de vista; pero es encantador, Mr. Astley, y, además, tanto
victoria74raziel
victoria74razielcompartió una citahace 3 meses
de mi hermana, que está casada. Sus hermanitos fueron igualmente dotados en el testamento de su abuela y se hallan estudiando en Londres. El general murió el mes pasado en París, de un ataque de apoplejía. La señorita Blanche le cuidó bien hasta el fin, pero ha sabido hacerle poner a su nombre todo lo que había heredado de su tía… Eso es todo, según creo…

—¿Y Des Grieux? ¿No estará también viajando por Suiza?

—No. Des Grieux no viaja e ignoro dónde se halla. Además, una vez por todas, le ruego que evite tales alusiones; si no, tendrá que entendérselas conmigo.

—¡Cómo! ¿A pesar de nuestras antiguas relaciones amistosas? —Sí, a pesar de nuestras antiguas relaciones.

—Mil perdones, Mr. Astley. No está en mi ánimo molestar a nadie. No acuso a miss Paulina. Para nosotros dos, las relaciones de un francés con una muchacha rusa son difíciles de explicar y de comprender
victoria74raziel
victoria74razielcompartió una citahace 3 meses
casi inadvertidamente.

—Miss Paulina es la mejor de las criaturas, la más digna de respeto. Se lo repito, me satisfará mucho que no me pregunte nada acerca de ella. Usted nunca llegó a conocerla bien y considero su nombre, en boca de usted, como una ofensa a mi sentido moral.

—¡De veras! Creo que se equivoca. ¿De qué puedo hablar sino de eso? Todos mis recuerdos se reducen a ella. No se preocupe, sin embargo; no tengo necesidad de conocer sus asuntos íntimos… Me intereso solamente, por decirlo así, por la situación mundana de miss Paulina, por lo que la rodea actualmente. Todo eso me lo puede decir en dos palabras.

—Sea, pues, en dos palabras, a condición de no volver más sobre ello. Miss Paulina estuvo largo tiempo enferma, y lo está todavía. Ha vivido algún tiempo con mi madre y mi hermana en el norte de Inglaterra. Hace seis meses, su abuela, usted recordará a aquella vieja loca, murió, dejándole siete mil libras esterlinas. Actualmente, miss Paulina viaja con la familia
victoria74raziel
victoria74razielcompartió una citahace 3 meses
no evoque el pasado —exclamé, casi con cólera—. Sepa que no he olvidado nada, pero que temporalmente lo he desterrado todo de mi cabeza, incluso los recuerdos, hasta que rehaga mi situación… Entonces… entonces usted verá, volveré a la vida.

—Usted estará aquí todavía dentro de diez años —dijo—. Apostemos a que le recordaré esto, si para entonces vivo, aquí mismo, en este mismo banco…

—¡Basta! —interrumpí con impaciencia—. A fin de demostrarle que no soy tan olvidadizo del pasado, permítame preguntarle dónde se encuentra ahora la señorita Paulina. Si no fue usted quien me sacó de la cárcel, fue ella seguramente. Desde entonces no tengo noticias suyas.

—¡No, oh, no! No creo que haya sido ella. Ahora está en Suiza, y me complacería mucho que cesara usted de preguntarme acerca de esto —dijo con tono enérgico e irritado.

—¡Eso quiere decir que también ha sufrido usted a causa de ella! Dije esas palabras
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