El amor llegó más tarde, Corín Tellado
Corín Tellado

El amor llegó más tarde

Avisarme cuando se agregue el libro
Para leer este libro carga un archivo EPUB o FB2 en Bookmate. ¿Cómo puedo cargar un libro?
HAROLD-NESTOR
HAROLD-NESTORcompartió una citahace 5 años
Seré vulgar, seré rutinario, seré un pobre diablo hambriento de ternura, pero déjame ser sincero.
HAROLD-NESTOR
HAROLD-NESTORcompartió una citahace 5 años
Cuán bonita es la debilidad femenina, y cuánto la aprecia el hombre
HAROLD-NESTOR
HAROLD-NESTORcompartió una citahace 5 años
Que en mis soledades siento hambre y sed. El hambre de tenerte a mi lado, la sed de tus cálidas frases, de tus besos, de tus miradas
HAROLD-NESTOR
HAROLD-NESTORcompartió una citahace 5 años
«No alcanzan perezosos honrados triunfos ni victoria alguna».
HAROLD-NESTOR
HAROLD-NESTORcompartió una citahace 5 años
«El amor unas veces vuela y otras anda…».
HAROLD-NESTOR
HAROLD-NESTORcompartió una citahace 5 años
mientras esperamos el triunfo, la gloria y la fama, somos los más vulgares seres de este mundo. Nos creemos privilegiados, originales. No pensamos que nuestras ideas pueden compartirlas todos los mortales
gait1989
gait1989compartió una citahace 4 años
menterio. Es la meta, la única, para esta clase de hombres. Y habrá una mujer, un ser querido, que todos los días le lleve flores a su tumba. ¡Consolador, mi impulsiva Ketty! Ni tú tendrás quien te llore, ni yo tampoco, pero… habremos vivido y habremos sacado a la vida todo su jugo, lo cual no es un triunfo muy efímero».
Ketty se metió en el corazón de Montmartre, subió la minúscula cuesta, y mientras caminaba miraba distraída los cuadros que los pintores iban recogiendo y ocultando en un portal, amontonados unos sobre otros. Brian nunca exponía en las calles. Brian tenía muchos encargos, como ella, y ambos vivían a su gusto, tal vez porque eran demasiado afines los dos.
Esperó en el portal oscuro. Pensó que Brian bien podía buscar un estu
gait1989
gait1989compartió una citahace 4 años
mentó: «Indudablemente, diré como Oscar Wilde: “Sólo hay una cosa en el mundo peor que el que se hable mal de uno, y es que no se hable”. Y de ti se hablará».
Desde aquel día, y periódicamente, Curd, que en el fondo era un buenazo, enviaba a su hermana unos centenares de libras, y llegó un día en que Ketty le escribió diciendo:
«No más, querido Curd. Gano lo bastante para vivir, y me siento la mujer más feliz del universo.»
A lo que Curd, muy dignamente, respondió:
«Guárdalo, Ketty, y piensa en el mañana.» Ketty se rió mucho aquella vez y también enseñó la carta a su «más amigo» Brian. Este agitó su paleta, puso el pincel en las mismas narices de Ketty y comentó filosófico: «Tu hermano llegará sin duda al ce
gait1989
gait1989compartió una citahace 4 años
dijo: «Me voy a París».
Curd levantó al fin la voz, lo cual no hacía habitualmente, su esposa June adujo que era una locura, y Ketty, con locura y todo, llenó la maleta, guardó en ella sus prendas de vestir, sus bártulos de trabajo, algunas figurillas esculpidas en yeso, las cuales amaba entrañablemente, y sacó un pasaje en el avión Londres-París. Desde este lugar puso una tarjeta a su hermano en la cual sólo decía estás frases: «¡Oh, París, París, hermosa tierra de promesa hermosa!». Y luego añadía esto de Cervantes: «No alcanza el perezoso honrados triunfos ni victoria alguna». Y Curd replicó en un escueto telegrama: «Cuando decidas tirarte al Sena, avisa….».
Ketty se echó a reír, y mostró el telegrama a su reciente amigo Brian, el cual se echó también a reír y co
gait1989
gait1989compartió una citahace 4 años
hermana se emancipara en París. A Ketty esto la tenía sin cuidado. Curd era un hombre metódico, de esos que se levantan a las siete de la mañana, se duchan todos los días festivos, y se van a la oficina a las ocho en punto de la misma mañana, para regresar a su casa a la una, también de la misma mañana. Comen, leen el periódico al calorcillo de la chimenea, tienen un hijo cada cuatro años, fuman seis cigarrillos al día, salen con su mujer los sábados por, la noche, y se gastan a la semana sólo la mitad del sueldo de la misma, aunque para ello les sea preciso beber agua diariamente.
En cuanto a la esposa de Curd, era digna cónyuge de su costilla, y Ketty, ansiosa de nuevos vuelos e inquieta por naturaleza, con alma de artista y conceptos propios, aquella vida metódica la ahogaba y un buen día
gait1989
gait1989compartió una citahace 4 años
citos de yeso, y en cada estante del estudio una figura modelada por ella.
Sin quitar el pitillo de la boca se despojó de los pantalones, alcanzó una bata que había sobre la cama y se la puso rápidamente. Con la misma precipitación, lo cual era innato en ella, se cerró en el cuarto de aseo con un modelo de tarde colgado del brazo. Minutos después, esbelta, fina, nerviosa, se dirigía a la puerta de la calle con el bolso colgado al brazo, un abrigo en el otro, y descalza. Se puso los zapatos en la misma puerta y salió canturreando.
Vivía en Montmartre, en el ático de un edificio antiguo, por el cual pagaba un buen puñado de francos. De vez en cuando, recibía unos centenares de libras de su hermano Curd, que residía con su esposa en Londres y no parecía muy satisfecho de que su
gait1989
gait1989compartió una citahace 4 años
Las siete —dijo en voz alta, en un inglés gangoso, y en francés añadió—: Por hoy no trabajo más. Iré a ver a Brian y le pediré que me lleve a alguna parte.
«¿O iré sola? —pensó mientras se quitaba el blusón—. Me gustaría caminar por los bulevares y contemplar la diversidad de gentes que circulan. Es entretenido sentarse en un rincón de un elegante café, y ver, ver y ver…»
Atravesó el estudio. Sus pies parecían habituados a los fríos mosaicos. Retiró una cortina y apareció una cama, una pequeña mesa y una butaca retorcida, forrada de cretona. Se dejó caer en ella con un suspiro. Encendió un cigarrillo y fumó con fruición. Había ceniceros por todas partes, paquetes de cigarrillos y cajas de fósforos. Había también libros y tro
gait1989
gait1989compartió una citahace 4 años
admirado las joyas artísticas que se guardaban en aquel museo, uno de los más ricos del mundo.
También había ido a divertirse al Folies Bergére y al Moulin Rouge, y había pasado mañanas deliciosa en compañía de su mejor y más apreciado amigo, Brian Burns, en los Campos Elíseos. Ketty era en París, en la vida de los artistas y estudiantes, como un vaso de licor embriagador.
En aquella tarde de mayo, el sol mortecino del crepúsculo entraba apenas por los grandes ventanales y la luz era escasa en el estudio. Ketty se apartó un poco, contempló el busto de arcilla, ladeó la cabeza, gesto en ella característico cuando deseaba captar la armonía de su trabajo, y pareció quedar medianamente satisfecha.
Miró el reloj.
gait1989
gait1989compartió una citahace 4 años
Ketty Pugh decía cuanto sentía, cuanto pensaba, y tanto sus pensamientos como sus sentimientos a veces resultaban de una crudeza escandalosa. Pero no asustaba a sus amigos. Hacía dos años que trabajaba en París, que rondaba por los bulevares Saint-Germain y Saint-Michel, y conocía a todos los estudiantes de la Sorbona. Y éstos admiraban a la esbelta escultora, le enviaban ramos de flores, le invitaban a pasear por el Bois de Boulogne y más de una vez se había ido con ellos al Museo del Louvre, en donde el espíritu inquieto y artista de aquella muchacha de veintitrés años, escultora de profesión, con residencia temporal en París, había
gait1989
gait1989compartió una citahace 4 años
de expresión inteligente, inquieta. A través de aquellos ojos se apreciaba el gran temperamento, que nunca se sojuzgaba.
gait1989
gait1989compartió una citahace 4 años
Ketty Pugh aplastó las manos en la falda de su blusón; y las manchas de arcilla, que salpicaban sus manos, quedaron impregnadas en la tela parduzca de la blusa que le cubría hasta las rodillas. Vestía pantalones negros y estaba descalza. No era extraño ver a Ketty descalza. Sus zapatos se hallaban en la puerta del estudio, y sólo cuando salía a la calle se los ponía. Era una manía como otra cualquiera, y sus amigos ya conocían los diez dedos de aquellos dos pies femeninos. Tenía el pelo rojizo, grises los ojos,
b8895536344
b8895536344compartió una citahace 4 años
La soledad siempre acompañada… ¿Paradójico?
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)