Libros
Las historias reunidas en Mañana hablarán de nosotros habitan en los confines de ese territorio de anhelos y contradicciones que es la Cuba actual. Las múltiples caras de la Isla son el escenario utilizado por un nutrido grupo de escritores para desarrollar diecinueve cuentos regidos por las ingobernables leyes del amor y del deseo.
Con una prosa exuberante que aúna el gusto por el exceso y el cuidado por los pequeños detalles, los autores expresan una decidida voluntad de dejar atrás las “maniobras del secreto” y mirar sin ambages las diferentes expresiones que la sexualidad —y la sensualidad— encuentra en su país. La fascinante mezcolanza de culturas, razas e ideologías sustenta una mirada provocadora e inconformista a la realidad LGTB que convierte este libro en un acontecimiento literario en el panorama de las letras hispanas contemporáneas.
«Hombres y mujeres que piensan a Cuba desde la sexualidad que no pacta con códigos castrantes, desde la Isla o fuera de ella, son los protagonistas de este volumen (…) Son autores que no tienen que pactar ya con las escaramuzas del secreto, que dejan a un lado las formas en las que, hasta no hace tanto, se debía inducir al lector para que comprendiera de qué se hablaba. El desparpajo, la transparencia, la confesión, son ahora las claves esenciales» (Norge Espinosa)
260 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2016
Año de publicación
2016
Editorial
Dos Bigotes
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Citas

  • Felipe Castillocompartió una citahace 2 años
    El presente, muchas veces, cobra su forma definitiva en el pasado, de manera que solo ahora, al cabo de tantos años, tengo la certeza de que no habíamos despertado a un día cualquiera.
  • Felipe Castillocompartió una citahace 2 años
    Las familias también me decían adiós, con la deliciosa melancolía que suelen provocar los domingos, mucho más cuando se mezclan con los trenes.
  • Felipe Castillocompartió una citahace 2 años
    el invierno, como siempre que llegaba mi cumpleaños, sacudía por fin las ramas de los aralejos, los cedros, los mangos casi sin hojas, con sus vientecitos leves, grises, del norte, y dejaba caer las primeras lloviznas, un escurrir inseguro que se dispersaba, como una neblina, antes de llegar a la tierra.

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