No le gusta hablar de sí misma. Lo hace a través de la vida de los demás, de aquellos con los que se cruza, de aquellos a los que sigue, relata su deriva y a veces su violencia, habla de mujeres, nada de vagabundas, precisa, ni de chifladas, de mujeres normales que han perdido su trabajo o han huido de su casa, de mujeres maltratadas o expulsadas, que se alojan en centros de acogida o viven en su coche, mujeres con las que uno se cruza sin verlas, sin saberlo, alojadas en hoteles hediondos, que hacen cola todos los días para dar de comer a su familia y que esperan a que vuelvan a abrir los comedores de la fundación Restos du Coeur.