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Libros
Émile Zola

El Paraíso de las Damas

  • Luli Serrano Eguiluzcompartió una citahace 7 meses
    l, Clara, mientras se comía la raya sin hacerle ascos, con la despreocupación de quien ha crecido alimentándose de tocino rancio
  • Luli Serrano Eguiluzcompartió una citahace 7 meses
    recreo diario, tras el almuerzo, era mirar los pies de los transeúntes, que pasaban deprisa al ras de la acera, unos pies cortados por el tobillo: zapatos bastos, botas elegantes, ligeras botinas de mujer, un continuo vaivén de pies vivos, sin cuerpo y sin cabeza.
  • Luli Serrano Eguiluzcompartió una citahace 7 meses
    se sentía más fuerte en casa de Henriette, sabedor de la tierna complicidad que establece el hecho de compartir a una amante. Estar ambos en su casa, rodeados de su perfume tan querido, tenerla tan cerca, dispuesta a convencerlos con una sonrisa, le parecía una certidumbre de éxito.
  • Luli Serrano Eguiluzcompartió una citahace 7 meses
    Estaba claro que a las señoritas dependientes les había dado el pálpito de que venía a presentarse como candidata y la miraban de arriba abajo, la desnudaban con la vista, de reojo, sin benevolencia alguna, con la sorda hostilidad de unos comensales a quienes no les apetece apretarse para hacer sitio a los hambrientos que llegan de fuera
  • Luli Serrano Eguiluzcompartió una citahace 7 meses
    Todavía no se había atrevido a arriesgarse a entrar en el patio de las sedas, pues la atemorizaban el alto techo acristalado, los suntuosos mostradores, la apariencia de iglesia. Cuando lo hizo al fin, para huir de los dependientes de la ropa blanca que se reían de ella, fue como si se estrellase de pronto contra el arreglo de Mouret; y, pese a estar tan turbada, se despertó en ella la mujer, se le encendieron repentinamente las mejillas y se olvidó de todo al mirar arder las sedas como llamas de un incendio.
  • Luli Serrano Eguiluzcompartió una citahace 7 meses
    . Todo el mundo estaba de acuerdo en que el dueño era el primer escaparatista de París, un escaparatista en verdad revolucionario, que, dentro de la ciencia del escaparate, había fundado la escuela de lo brutal y lo desaforado. Le gustaba que los tejidos se desplomasen, como cayendo al azar desde los casilleros reventados,
  • Luli Serrano Eguiluzcompartió una citahace 7 meses
    Al anciano cajero se le sonrojaron las pálidas mejillas. No tenía más vicio que el de la música, un vicio secreto que satisfacía en soledad, asistiendo a teatros, conciertos y audiciones. Pese al brazo amputado, tocaba la trompa merced a un ingenioso sistema de pinzas. Y, como a la señora Lhomme la incomodaba el ruido, por las noches envolvía en un retal de paño el instrumento, sin que ello impidiera que los sonidos curiosamente sofocados que brotaban de éste lo arrebatasen hasta alcanzar el éxtasis. En medio de la no deseada desintegración de su hogar, la música le había servido para fabricarse un desierto
  • Luli Serrano Eguiluzcompartió una citahace 7 meses
    era un sumidero continuo, un desfile de tejidos que caían con un bramar de río.
  • Alicia Ariascompartió una citahace 7 años
    la vida era sentido común, decencia y coraje.
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