Erotismo, mujeres y sexualidad, Clara Coria
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Clara Coria

Erotismo, mujeres y sexualidad

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cómo es posible creer que la simple presencia de un varón es garantía de compañía y de esa manera confundir compañía con soledad. Cuando la soledad se define por la ausencia física de «un otro»,
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ntaria, es decir, la duda sobre la capacidad de protección por parte de las propias mujeres. Esta duda incrementa el «miedo a la soledad», que en el comentario de referencia aparece asociada con la «soledad masculina». Grande suele ser la sorpresa cuando la vida pone a las mujeres en situación de descubrir que la misma capacidad con que han sabido proteger muy eficientemente a otros (a menudo a sus hijos) resulta igualmente efectiva cuando la ponen a prueba para sí mismas.
No resulta difícil ver en este ejemplo cómo es posible creer que la simple presencia de un varón es garantía de compañía y de esa manera confundir compañía con soledad. Cuando la soledad se define por la ausencia física de «un otro», la compañía termina siendo una simple «presencia» que llena espacio pero no cubre la función. Si a eso le agregamos que algunas mujeres han sido educadas con la idea de que corresponde poner en manos masculinas sus capitales (sean estos económicos, afectivos o laborales) se produce un enredo mayor, pues quedan desprovistas de los apoyos con los que, habitualmente, es posible consolidar una compañía genuina sin dependencias extorsivas. A continuación pasaré a revisar algunas situaciones concretas donde la soledad queda disimulada pero no resuelta. Voy a incluir varias soledades de las que «no se habla» y pasan inadvertidas
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Cuando la soledad se define por la ausencia física de «un otro», la compañía termina siendo una simple «presencia» que llena espacio pero no cubre la función. Si a eso le agregamos que algunas mujeres han sido educadas con la idea de que corresponde poner en manos masculinas sus capitales (sean estos económicos, afectivos o laborales) se produce un enredo mayor, pues quedan desprovistas de los apoyos con los que, habitualmente, es posible consolidar una compañía genuina sin dependencias extorsivas. A continuación pasaré a revisar algunas situaciones concretas donde la soledad queda disimulada pero no resuelta. Voy a incluir varias soledades de las que «no se habla» y pasan inadvertidas
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No resulta difícil ver en este ejemplo cómo es posible creer que la simple presencia de un varón es garantía de compañía y de esa manera confundir compañía con soledad
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Este «miedo a la soledad» suele encubrir una ilusión que, la mayoría de las veces, suele ser ilusoria.
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¿qué significa la «verdadera identidad» para aquellas mujeres que se ven en la necesidad de recuperarla?
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. Por lo tanto, la erección se convierte en una prueba irrefutable de potencia. Y la potencia pasa a ser medida con la vara de la turgencia.
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el Tantra nadie necesita demostrarle nada a nadie y se produce una estimulación mutua altamente satisfactoria.
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este caso el argumento usado por la sociedad patriarcal es haberle atribuido al pene el dudoso privilegio de ser el representante indiscutido de la masculinidad.
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creencia de que «la penetración es poder». Y que el poder reside en el órgano usado como instrumento de penetración.
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mujeres necesitamos adornar el sexo con erotismo.
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s sabido que el erotismo excede la mera genitalidad y que se nutre de los sentidos.
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. La capacidad multierótica propia de la mujer encontró en el romanticismo un cauce de expresión que permitía una manifestación limitada y encubierta. De esta manera el romanticismo abría una válvula de escape que cumplía una doble función. Por un lado, daba espacio para que circulara el excedente erótico que rebalsaba al cuerpo femenino. Por otro lado, le permitía a la sociedad patriarcal mantener a media sombra dicho erotismo y seguir negándole un espacio de legitimidad, sin el cual resultaba muy comprometedor exponerlo a la luz del día.
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. Ese formato fue el romanticismo
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La sociedad inventó un formato a través del cual las mujeres pudieran encauzar sus vivencias de sensualidad sin perturbar el orden patriarcal
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iempre he pensado que el «romanticismo» al que adhieren no pocas mujeres, ha sido una construcción social que mantuvo cuidadosamente encapsulado al erotismo femenino.
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Las mujeres nos hemos circunscripto a la genitalidad cuando la mayor sensibilidad está en los cuatro metros de piel que nos recorren. Los ejercicios tántricos permiten sacar las sexualidad del área exclusiva de la genitalidad.
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amor es un misterio, el sexo una urgencia biológica y el erotismo una exquisitez humana
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doble moral sexual es un instrumento de poder que carcome la solidaridad posible entre los géneros ahondando en resentimientos y violencias.
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s, fundamentalmente, la heredera de esta doble moral sexual.
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