Carlo Collodi

Las aventuras de Pinocho

    Magaly Ledocompartió una citahace 6 días
    —Hijo mío –dijo el Hada–, los que dicen eso terminan siempre en la cárcel o en el hospital[4]. El hombre, para que lo sepas, nazca rico o pobre, está obligado a hacer algo en este mundo, a estar ocupado, a trabajar. ¡Ay del que se deja llevar por el ocio! El ocio es una enfermedad malísima, y hay que curarla inmediatamente, desde chicos; si no, cuando seamos mayores, ya no se cura.
    Magaly Ledocompartió una citahace 10 días
    ¿De qué sirve acusar a los muertos?... ¡Los muertos, muertos están, y lo mejor que se puede hacer es dejarlos en paz!...».
    Magaly Ledocompartió una citahace 10 días
    —¡Me está bien empleado!... ¡Por desgracia, me está bien empleado! He sido perezoso, vagabundo..., he dado crédito a las malas compañías, y por eso la desgracia me persigue siempre. Si hubiera sido un buen chico, como hay tantos; si hubiese tenido ganas de estudiar y de trabajar; si me hubiera quedado en casa con mi pobre padre, ahora no me encontraría aquí, en medio del campo, haciendo de perro guardián en la casa de un campesino. ¡Oh, si pudiera volver a nacer!... ¡Pero ya es tarde, hay que tener paciencia!
    Magaly Ledocompartió una citahace 10 días
    —Sí, hablo de ti, pobre Pinocho, de ti que eres tan ingenuo que crees que el dinero se puede sembrar y recoger en los campos, como se siembran las judías y las calabazas. También yo lo creí una vez, y sufro el castigo. Hoy (¡demasiado tarde!) me he tenido que convencer de que para reunir honradamente un poco de dinero, hay que saber ganárselo o con el trabajo de las propias manos o con el ingenio de la propia cabeza.
    Magaly Ledocompartió una citahace 11 días
    Hijo mío, las mentiras se reconocen en seguida, porque las hay de dos clases: hay mentiras que tienen las patas cortas y las hay que tienen la nariz larga; la tuya, precisamente, es de las que tienen la nariz larga.
    Magaly Ledocompartió una citahace 11 días
    En verdad –dijo para sí el muñeco reemprendiendo su viaje–, ¡qué desgraciados somos los pobres chicos! Todo el mundo nos grita, nos regaña, nos da consejos. Si los dejáramos, todos se empeñarían en ser nuestros padres y nuestros maestros; todos, incluidos los Grillos parlantes. Esa es la razón por la que no he querido hacer caso al pesado del Grillo, según el cual, ¡cualquiera sabe las desgracias que me sucederían! ¡Incluso me toparía con los asesinos! Menos mal que yo no creo en los asesinos, ni he creído nunca. Para mí los asesinos los han inventado adrede los padres para atemorizar a los chicos que quieren salir de noche. Y además, aunque me los encontrase por el camino, ¿me infundirían acaso temor? En absoluto. Los miraría a la cara y les gritaría: «Señores asesinos, ¿qué quieren de mí? ¡Recuerden que conmigo no se bromea! ¡Dedíquense a sus asuntos, y calladitos!». Con esta charla hecha en serio, los pobres asesinos, me parece estarlos viendo, escaparían como el viento. Pero, si por casualidad fuesen tan mal educados que no quisieran marcharse, entonces me marcharía yo, y así terminaría el asunto...
    Magaly Ledocompartió una citahace 11 días
    ¡No te fíes, chico, de los que prometen hacerte rico de la noche a la mañana! Generalmente, o están locos o son unos liantes. Hazme caso, vuélvete atrás.
    —Sin embargo, yo quiero seguir adelante.
    —¡Es tarde!...
    —Quiero seguir adelante.
    —La noche es oscura...
    —Quiero seguir adelante.
    —El camino es peligroso...
    —Quiero seguir adelante.
    —Acuérdate de que los chicos que actúan caprichosamente y a su antojo se arrepienten más pronto o más tarde
    Magaly Ledocompartió una citahace 12 días
    Y Pinocho, aunque era un chico muy alegre, también se entristeció; porque la miseria, cuando es miseria de verdad, la entienden todos, incluso los chicos.
    Pam Rangelcompartió una citahace 5 meses
    Y Pinocho, aunque era un chico muy alegre, también se entristeció; porque la miseria, cuando es miseria de verdad, la entienden todos, incluso los chicos.
    Pam Rangelcompartió una citahace 5 meses
    afán didáctico y pedagógico no está exento a veces de una carga moralizante excesiva.
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)