David Roas

Invasión

    Marcia Ramoscompartió una citahace 5 meses
    La sensación de pisar por primera vez la calle tras varios meses de reclusión, fue muy extraña
    Marcia Ramoscompartió una citahace 5 meses
    peor pesadilla. La mujer vivía aterrorizada ante la posibilidad de que los monstruos asaltasen su hogar. No dejé de repetirle que las verjas de sus ventanas eran infranqueables para aquellos descerebrados, que si tenía miedo se mudase a uno de los muchos apartamentos vacíos de
    Marcia Ramoscompartió una citahace 5 meses
    Mi reacción fue aún más sangrienta que las dos anteriores. Esta vez no usé el insecticida: empecé a aplastarlas con las manos y los pies, experimentando el mismo placer que de niños nos proporcionaba torturar lagartijas, mariposas, ranas. (¿Te acuerdas?). Tardé diez buenos minutos en exterminar al tercer ejército invasor.
    Marcia Ramoscompartió una citahace 5 meses
    Y también contigo, mamá. Es muy bonito volver a jugar contigo como cuando era pequeñito, cuando tú hacías de muñeca y yo tenía que peinarte y vestirte.
    Marcia Ramoscompartió una citahace 5 meses
    que no se preocupe, que seguiré jugando con Carmila aunque esté rota. Todavía se pueden hacer buenos juegos con ella
    Marcia Ramoscompartió una citahace 5 meses
    Tengo que prepararla, hijo, ya lo sabes». Mamá es muy metódica (mamá usa palabras muy difíciles, pero me las explica para que yo las entienda). Quiere que todo esté
    Marcia Ramoscompartió una citahace 5 meses
    principio era mamá la que lo hacía. Les ponía nombres muy divertidos: Mariquita, Nikito, Chelito, Loretín… Mamá me explicó que así se llamaban las muñecas que sus papás le regalaban cada navidad
    Marcia Ramoscompartió una citahace 5 meses
    Y también quiero mucho a las muñecas que me regala. Por eso les doy besitos, las acaricio, les peino sus largos cabellos. Todas mis muñecas tienen el pelo largo, aunque unas veces es de color negro, otras rubio, otras castaño.
    Marcia Ramoscompartió una citahace 5 meses
    Los árboles estaban tan juntos que se empujaban con las ramas, como si luchasen por hacerse espacio. Ya no se oía ruido alguno. Todo estaba anormalmente quieto y callado (pensé en las aguas del Lemán). Aún no era de noche, pero me extrañó no ver ninguna luz, cuando la carretera y las mansiones vecinas a Villa Diodati debían de estar muy cerca. Aunque quizá me había desorientado y me había alejado mucho de allí
    Marcia Ramoscompartió una citahace 5 meses
    A su regreso de las vacaciones, doña Elvira compró el disco de Jorge Sepúlveda. Lo ponía a todas horas
    Marcia Ramoscompartió una citahace 5 meses
    Cuando trata de arrimar su oreja a la pared para cerciorarse, se apoya en la mesita de noche y a punto está de volcarla
    Marcia Ramoscompartió una citahace 5 meses
    meses ya sin Alfredo.

    De pronto, una canción invade el silencio del cuarto e interrumpe sus pensamientos. Aunque sus noches son un constante duermevela (sueño de vieja, lo llama ella
    Dulce Akaricompartió una citael año pasado
    La muerte está siempre a nuestro lado, Pablito, y hay que acostumbrarse a ella, le explicaba con dulzura. Los muertos nunca se van del todo.
    Dulce Akaricompartió una citael año pasado
    La imaginación podía concebir casi cualquier cosa

    en relación con aquel lugar.

    H. P. Lovecraft, En las montañas de la locura
    Dulce Akaricompartió una citael año pasado
    La mente nos protege de la realidad, pero el ángulo del horror
    se encuentra siempre a escasos grados de nuestra rutina, aguardando el momento en que algo o alguien nos empuje de golpe a verlo todo desde una dimensión distinta
    Dulce Akaricompartió una citael año pasado
    A veces temo mover un objeto de su lugar habitual,
    pues ese gesto puede originar que el mundo tome un rumbo
    desconocido y me aterran los finales imprevistos
    Dulce Akaricompartió una citael año pasado
    Menos mal que oír no podemos

    nuestros gritos en los sueños ajenos.
    Daniel Alejandro Correa Quinterocompartió una citahace 2 años
    Menos mal que oír no podemos

    nuestros gritos en los sueños ajenos.
    Perla L. Delgadocompartió una citahace 2 años
    y aprendiste a devolver de un modo automático: un gesto que siempre has traducido como Hola-extraño-te-dedico-esta-sonrisa-porque-confío-en-que-no-eres-un-asesino-y-para-que-veas-que-yo-tampoco-lo-soy.
    Perla L. Delgadocompartió una citahace 2 años
    La imaginación podía concebir casi cualquier cosa

    en relación con aquel lugar.

    H. P. Lovecraft, En las montañas de la locura
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)