Emilia Pardo Bazán

Los pazos de Ulloa

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    Cuándo se convencerán estos señoritos de que un casero no es un esclavo? Así andan las cosas de España: mucho de revolución, de libertad, de derechos individuales… . ¡Y al fin, por todas partes la tiranía, el privilegio, el feudalismo!
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    convidados, transidos aún del miedo que infunde el terrible sacramento del matrimonio visto de cerca
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    Julián murmuró una oración, desvióse aprisa, creyendo sentir bajo sus plantas el cuerpo de bronce de su formidable enemigo.
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    menudo se ve al niño, deshecho en lágrimas al pie del cadáver de su madre, consolarse con un juguete o un cartucho de dulces; quizás vuelvan más adelante la tristeza y el recuerdo, pero la impresión capital del dolor ya se ha borrado para siempre.
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    arrebatando una hija a su padre y una mujer a su legítimo dueño.
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    y soy tan malo, tan carnal, tan ciego, tan inepto, que me paso la vida dudando de la bondad divina porque veo a esta pobre señora entre adversidades y tribulaciones pasajeras…
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    La cencerrada proseguía, implacable, frenética, azotando y arañando el aire como una multitud de gatos en celo el tejado donde pelean
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    A veces el cariño le inspiraba ideas feroces, como agarrar un palo y moler las costillas a Primitivo; coger un látigo y dar el mismo trato a Sabel.
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    No tenía don Pedro ideas políticas, aun cuando se inclinaba al absolutismo, creyendo inocentemente que con él vendría el restablecimiento de cosas que lisonjeaban su orgullo de raza, como por ejemplo, los vínculos y mayorazgos
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    Julián resolvió entonces, en su interior, apelar a eso que llaman subterfugio jesuítico, y no es sino natural recurso de cuantos, detestando la mentira, se ven compelidos a temer la verdad
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    ¿No parece mentira que se hiciesen semejantes crueldades? ¡Qué tiempos tan malos, Julián!
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    con el don adivinatorio que se adquiere soñando
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    había hasta doce naipes, que si no recortados en forma ovada por exceso de uso, como aquellos de que se sirvieron Rinconete y Cortadillo, no les cedían en lo pringosos y sucios.
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    Así andan las cosas de España: mucho de revolución, de libertad, de derechos individuales… . ¡Y al fin, por todas partes la tiranía, el privilegio, el feudalismo!
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    Salieron del goteroso Pazo cuando ya anochecía, y sin que se lo comunicasen, sin que ellos mismos pudiesen acaso darse cuenta de ello, callaron todo el camino porque les oprimía la tristeza inexplicable de las cosas que se van.
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    a la vez y en las dos mejillas sintió un beso de hielo, un beso dado sin labios y acompañado del roce de una piel inerte.
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    todo se le figuraba a don Pedro sátira viviente del desarreglo de los Pazos
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    O matar a Primitivo, o entregársele a discreción: el capellán comprendía que no quedaba otro recurso.
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    Creyó que mudarían de actitud al día siguiente, cuando, haciendo uso de los plenísimos poderes y facultades omnímodas de que venía investido, ordenó a la Agar y al Ismael de aquel patriarcado emigrar al desierto.
    David Armando Córdova Pradocompartió una citahace 3 años
    insistió el señor de Ulloa, impulsado por voces de su conciencia, que en aquel momento se dejaban oír claras y apremiantes
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