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Libros
Federico Navarrete

Huesos de lagartija

  • Selcompartió una citael mes pasado
    Entonces volví a recordar la boda de mi hermano y me sentí muy triste, hijos míos, porque pensé que ya habían muerto todos los que estuvieron conmigo ese día. Mi dolor es como los rescoldos de un fogón que siguen dando calor mucho tiempo después de que la lumbre se ha apagado.
  • Selcompartió una citael mes pasado
    Recordaba tan bien todo lo sucedido aquel día, que a veces no sabía si era un viejo que se acordaba de cuando había sido niño o un niño que imaginaba que algún día sería viejo.
  • Selcompartió una citael mes pasado
    Mientras contaba la historia de la boda de mi hermano Cuahuitlícac, mis nietos no dejaron de verme para no perder un solo detalle. Recordaba tan bien todo lo sucedido aquel día, que a veces no sabía si era un viejo que se acordaba de cuando había sido niño o un niño que imaginaba que algún día sería viejo.
  • Selcompartió una citael mes pasado
    Yo nunca fui un gran guerrero como tu hermano, pues ese no era mi destino.
  • Selcompartió una citael mes pasado
    Hoy es un día muy importante. Estoy muy orgulloso de Cuahuitlícac. Yo nunca fui un gran guerrero como tu hermano, pues ese no era mi destino.
  • Selcompartió una citael mes pasado
    tenemos que estar atentos para conocer nuestro destino.
  • Selcompartió una citael mes pasado
    Todos estos sucesos son signos de algo. Son cosas nuevas y nunca vistas. Eso quiere decir que pasará algo que nunca antes ha sucedido.
  • Selcompartió una citael mes pasado
    Pero esa vez las mujeres no dejaron de hablar, siguieron conversando mientras yo comía, porque no era más que un niño.
  • Selcompartió una citael mes pasado
    Ese día igualmente me desperté muy temprano y corrí a la cocina. El olor de las tortillas recién hechas llenaba toda la casa y mi madre me esperaba con un taco de frijoles. El sabor del maíz era igual entonces. Siempre ha sido nuestra carne, nuestro principal alimento y mientras lo comamos, seguiremos siendo los mismos. Pero esa vez las mujeres no dejaron de hablar, siguieron conversando mientras yo comía, porque no era más que un niño. Todas comentaban lo orgullosas que estaban de mi hermano Cuahuitlícac. Mi madre me sonrió:
  • Selcompartió una citael mes pasado
    Todos estamos muy contentos por tu hermano Cuahuitlícac, pequeño Cuetzpalómitl, hijo mío. Estamos orgullosos de que sea un gran guerrero. Ya ha demostrado que es valiente. Ha tomado dos prisioneros en la guerra. Por eso ya puede pintarse el rostro de amarillo y rojo y ya puede vestir las mantas de colores y el máxtlatl rojo que le ha regalado el emperador Moctezuma. Gracias a ello todos los que lo ven por la calle saben que es un valiente y por ello ahora se va a casar con una buena muchacha. La que será su esposa es una mujer recta, discreta y obediente. Y tu padre le va a regalar mantas de algodón azul y rojo y también algunos chalchihuites y plumas de quetzal.
    ”Y tú, hijito querido, tú debes ser como él. Ya eres un joven fuerte. Pronto irás a la guerra y capturarás un enemigo. Todos esperamos que seas tan valiente como tu hermano. Si no, todos lo sabrán y se burlarán de ti. Y entonces, ninguna mujer te querrá como esposo y nunca te podrás casar.”
    Mi madre me hablaba en tono serio, para que supiera que me decía cosas importantes. Ella quería que fuera tan valiente como mi hermano y yo también sentía deseo de ir a la guerra para hacer prisioneros y vestirme como él y llevar la cara pintada de amarillo y rojo. Pero eso no se lo podía decir, porque un joven no debe hablar cuando un mayor se dirige a él, menos cuando usa un tono tan serio.
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