Hubert Selby Jr.

Última salida para Brooklyn

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Ultima salida para Brooklyn, uno de los libros más míticos de la literatura norteamericana de los últimos decenios, es a la vez una original obra narrativa y un documento atroz de la vida en la zona más salvaje de la jungla neoyorquina. Pocos libros suscitaron opiniones tan extremas como éste cuando se publicó por primera vez, en 1964, desde la más rendida admiración (se le llamó «un Viaje al fin de la noche americana, despojado de grasa»), hasta el furor ciego. En Inglaterra el libro fue condenado por obscenidad en un sonado proceso en el que fueron testigos de la defensa personalidades como Frank Kermode, John Arden, Eric Mottram, Anthony Burgess y Kenneth Alsop. El veredicto fue finalmente revocado en una histórica sentencia que alineó Ultima salida con El amante de Lady Chatterley y Ulises, víctimas también de la censura de su época. Este es un libro consagrado esencialmente a la violencia que desgarra a una sociedad sin amor. A lo largo de seis historias, cuya unidad de intención y escenario hacen aplicable el término de novela, Hubert Selby investiga implacablemente las causas de dicha violencia, las «razones» de quienes la imponen y la tragedia de quienes la sufren. Los personajes principales son inolvidables. Harry, el líder sindical que en el transcurso de una huelga que ha provocado descubre su homosexualidad; Tralala, que rechaza el único amor que se le ofrece y se hunde en la prostitución más abyecta; Georgette, el travestí de conmovedoras aspiraciones culturales; el negro Abraham, con sus chicas y su Cadillac pero con su familia desharrapada; todos los desechos de la civilización norteamericana hacia los que el autor consigue comunicarnos una profunda compasión.
Este libro no está disponible por el momento.
348 páginas impresas

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Citas

    b5737144684compartió una citahace 9 meses
    Esperó, sola, en El Griego. Entró un sorchi y pidió café y una hamburguesa. Preguntó a Tralala si quería algo. ¿Por qué no? El soldado sonrió. Sacó un billete de un fajo y lo dejó en la barra. Tralala sacó el pecho. Él se puso a hablar de sus galones. Y medallas. Una Estrella de Bronce. Y un Corazón Púrpura con dos ramos de olivo. Venía de pasar dos años en Europa. Volvía a casa. Hablaba y ella sonreía esperando que no todos los billetes fueran de a dólar. Necesitaba llevárselo de allí antes de que llegase alguien. Cogieron un taxi y fueron a un hotel del centro. El tipo compró una botella de whisky y se sentaron y bebieron y charlaron. Ella no paraba de llenarle el vaso. Él no paraba de hablar. De la guerra. De cómo le habían herido. De su pueblo. De lo que iba a hacer. De los meses pasados en el hospital y de todas las operaciones. Ella seguía sirviéndole whisky y él como si nada. El hijoputa. Va y dice que sólo quería pasar un rato con ella. Charlar y tomar unas copas. Tralala esperaba. Se cagó en su putísima madre. ¿A quién coño le importa que te hayan jodido la pierna? Ya llevaban allí más de una hora. Si se la follaba a lo mejor podía quitarle el dinero del bolsillo. Pero no callaba. A la mierda con él. Le pegó con la botella en la cabeza. Le limpió los bolsillos y se largó. Sacó el dinero de la cartera y se deshizo de ésta. Contó la pasta en el metro. Cincuenta pavos. No estaba mal. Antes nunca había conseguido tanto de una sola vez. Pero merecía haber conseguido más. ¡Tener que escuchar todas aquellas paridas! Sí. Valiente hijoputa. Debería haberle dado otro botellazo. Sólo cincuenta miserables dólares por aguantarle todo aquel tiempo. Apartó diez y se guardó el resto y volvió a El Griego. Tony y Al se encontraban allí y le preguntaron dónde había estado. Alex dice que te fuiste con un sorchi borracho hace un par de horas. Sí. Nada que hacer. Creí que estaba forrado. ¿Has pillado algo? Sí. ¿Cuánto? Diez pavos. No paraba de hablar de la pasta que tenía y sólo eran diez miserables pavos. ¿De verdad? Enséñamelos. Ella les mostró el dinero. ¿Estás segura de que eso era todo? ¿Quieres registrarme? ¿Crees que tengo más escondido en el culo o qué? Ya veremos después. Sí. ¿Y vosotros? ¿Pillasteis algo? Poco. Pero no tienes que preocuparte. Has pillado bastante. Ella no dijo nada y se encogió de hombros. Sonrió y les invitó a café. ¿Y ahora? Valiente pandilla de golfos. Tranquilo, Alex, ¿entendido?… Y allí seguían sentados a la barra cuando entró el sor
    b5737144684compartió una citahace 9 meses
    Tralala tenía quince años la primera vez que lo hizo con alguien. No hubo auténtica pasión. Sólo diversión. Paraba en El Griego como los otros chicos del barrio. Nada que hacer. Sentarse y charlar. Oír el jukebox. Tomar café. Gorronear pitillos. Todo una mierda. Dijo que sí.
    b5737144684compartió una citahace 10 meses
    Bueno, en cualquier caso Tommy entra en El Griego una noche y nos dice que va a ser padre y Tommy le dejó a Spook que diera una vuelta en su moto

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