Tentación al anochecer, Lisa Kleypas
Lisa Kleypas

Tentación al anochecer

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Ivanna Peñaloza Acevedo
Ivanna Peñaloza Acevedo compartió una citahace 2 años
No veo a Marks por ningún lado. Espero que baje a cenar. Necesito una buena discusión.
—La última vez que la vi —respondió Beatrix— buscaba sus ligas por toda la casa. Dodger se las robó todas del cajón del tocador.
—Bea —murmuró Win—, ya sabes que es mejor no mencionar la palabra «liga» en compañía masculina.
—Bien. Pero no sé por qué. Todos saben que las llevamos… ¿por qué tenemos que comportarnos como si fuera un secreto?
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Ivanna Peñaloza Acevedo compartió una citahace 2 años
Pensé que perdería el juicio si tenía que pasar otro minuto más en ese maldito cuarto. Estaba preocupado por ti. Allí sentado, me di cuenta de que todo lo que quiero en la vida es pasar tanto tiempo como sea posible contigo. Y luego se me ocurrió que te habías alojado en el hotel durante tres temporadas, ¡tres!, y nunca te conocí. Pensé que habíamos perdido todo ese tiempo cuando podíamos haber estado juntos.
—Pero Harry… incluso aunque nos hubiéramos conocido antes y nos hubiéramos casado hace tres años, seguirías diciendo que no es suficiente tiempo.
—Tienes razón. No puedo pensar ni en un solo día de mi vida que no hubiera sido mejor contigo a mi lado.
—Cariño —susurró ella, acariciándole la mandíbula con la punta de los dedos—, has dicho algo precioso. Incluso más romántico que compararme con las piezas de un reloj.
Harry le mordisqueó un dedo.
—¿Te estás burlando de mí?
—En absoluto —dijo Poppy, sonriendo—. Sé lo mucho que significan para ti los engranajes y los mecanismos.
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—Jamás me separaré de ti —dijo él—. Voy a comprar una isla desierta y a llevarte allí conmigo. Y sólo una vez al mes vendrá un barco para traernos comida. El resto del tiempo estaremos solos, desnudos, comiendo frutas exóticas, haciendo el amor en la playa y…
—Establecerías un negocio de exportación de productos locales y organizarías la economía del lugar en menos de un mes —dijo ella con firmeza.
Harry gimió como si reconociera la verdad que contenían las palabras de Poppy.
—Santo Dios, ¿cómo eres capaz de soportarme?
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Ivanna Peñaloza Acevedo compartió una citahace 2 años
¿Has visto el grabado en el reloj? ¿No? Está en el interior de la tapa. Míralo.
Pero Harry no se movió, no hizo nada salvo abrazarla como si ella fuera su salvavidas. Poppy supuso que él estaba demasiado abrumado para hacer nada por el momento.
—Es una cita de Erasmo —le informó—. El monje favorito de mi padre después de Roger Bacon. La frase que está inscrita en el reloj es: «La esencia de la felicidad consiste en que aceptes ser como eres». —Ante el prologando silencio de Harry, ella no pudo evitar continuar hablando—: Quiero que seas feliz, hombre exasperante. Quiero que tengas muy claro que te amo por ser exactamente como eres.
La respiración de Harry se hizo más fuerte y profunda. La estrechó con tanta fuerza contra su cuerpo que ni cien hombres habrían logrado que la soltara.
—Te amo, Poppy —le dijo con voz entrecortada—. Te amo tanto que es un auténtico infierno.
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Como el hotel era, prácticamente, un hervidero de murmuraciones, Poppy estaba al tanto de todos los escándalos y secretos a voces que circulaban por Londres. Para sorpresa y decepción de la joven, había persistentes rumores sobre la continua decadencia de Michael Bayning. Al parecer solía emborracharse con frecuencia de manera pública y notoria, jugaba, se peleaba y, en general, tenía un comportamiento impropio de un hombre de su posición. Por supuesto, algunos de esos rumores estaban relacionados con Poppy y su precipitada boda con Harry. A la joven le entristecía profundamente oír lo que Michael estaba haciendo con su vida y deseaba poder hacer algo al respecto.
—Es el único tema del que no puedo hablar con Harry —le dijo a Leo, una tarde que fue a verlo a su apartamento—. Se pone de un humor terrible, se queda callado y con el rostro muy serio. Anoche, incluso, llegamos a discutir por culpa de ello.
Aceptando la taza de té que le tendía su hermana, Leo arqueó una ceja con ironía ante la información.
—Hermanita, me encantaría darte la razón en todo… pero ¿por qué quieres hablar de Michael Bayning con tu marido? ¿Y qué demonios tienes que decirle al respecto? Ese capítulo de tu vida está cerrado. Si yo estuviera casado, algo que gracias a Dios no sucederá nunca, te aseguro que no acogería el tema de Bayning con más entusiasmo que Harry.
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Broussard suspiró con aire soñador.
—Cuando era niño, viví durante un tiempo en Périgord. Allí había unas trufas que casi hacían llorar de gusto. Eran tan deliciosas que, por lo general, sólo las comían los nobles y sus amantes. —Miró a Poppy con expectación—. ¿Cómo las prepararon?
—Picamos unos puerros y las mezclamos con ellos, luego las salteamos con mantequilla y nata, y… —Hizo una pausa al notar entre los presentes un repentino frenesí de actividad que incluía lavar, picar y revolver en los cajones.
La joven miró por encima del hombro y vio que Harry había entrado en la cocina.
—Señor —dijo la señora Pennywhistle mientras Jake y ella comenzaban a levantarse.
Ivanna Peñaloza Acevedo
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—El carrocero —dijo Harry, saliendo de su ensimismamiento— acaba de entregar tu carruaje. ¿Puedes venir a echarle un vistazo y ver si todo ha quedado a tu entera satisfacción?
—Sí, claro. —Poppy tomó otro bocado de brioche, un trocito de pan glaseado cubierto de mantequilla y mermelada. La joven sostuvo el último trocito ante los labios de Harry—. ¿Me ayudas a terminarlo?
Todos observaron con asombro cómo Harry tomaba el delicado manjar en la boca y, sosteniendo la muñeca de su esposa con una mano, le pasaba la lengua por la yema del dedo para limpiarle una gota de mermelada.
—Delicioso —dijo él, ayudándola a bajarse del taburete. Luego, miró a sus empleados—. Os la devolveré enseguida. Y, Valentine…
—¿Sí, señor?
—Me he enterado de que hace mucho tiempo que no te tomas vacaciones. Quiero que resuelvas eso de inmediato.
—No sabría qué hacer en vacaciones, señor —protestó Jake, y Harry sonrió.
—Ésa, Valentine, es la razón por la que las necesita tanto.
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—Casi me sorprende que me dejes llevármela —le dijo Harry a Cam después de que Poppy se subiera al carruaje.
—Oh, lo votamos esta mañana, fue una decisión unánime —le respondió su cuñado como si no hubiera nada más que decir al respecto.
—¿Habéis sometido a votación mi matrimonio?
—Sí, y hemos decidido que encajas muy bien en la familia.
—Oh, Dios mío —dijo Harry, mientras Cam cerraba la puerta del carruaje.
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Para sorpresa de los Hathaway, Leo decidió regresar a Londres el mismo día que los Rutledge. En un principio, su intención había sido pasar el resto del verano en Hampshire, pero al final decidió aceptar el encargo de diseñar un invernadero para una mansión de Mayfair. Poppy se preguntó para sus adentros si su cambio de planes tendrían algo que ver con la señorita Marks. Sospechaba que habían discutido, porque en los últimos días habían hecho grandes esfuerzos para evitarse el uno al otro. Incluso más de lo habitual.
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—¿Estás preocupada por mi seguridad? ¿Por… mí?
—Alguien tiene que hacerlo —masculló ella, abriendo de golpe la puerta principal—, lo que no sé es por qué tengo que ser yo.
Poppy se giró para cerrarle la puerta en las narices, pero Harry la cogió por sorpresa empujándola al interior y cerrando de un portazo. Antes de que ella pudiera siquiera tomar aire, él se dejó llevar por la impaciencia y la aprisionó bruscamente contra la puerta.
Ella jamás le había visto así: anhelante, incrédulo y ansioso.
El cuerpo de su marido se apretó contra el suyo y su aliento le calentó la mejilla. Poppy vio cómo el pulso le latía con fuerza en la garganta.
—Poppy… ¿tú…? —Se obligó a hacer una pausa, como si estuviera hablando en un idioma extranjero y le costara trabajo encontrar las palabras correctas.
Lo que, de hecho, era cierto.
Poppy sabía lo que Harry quería preguntarle, y ella no quería que lo hiciera. Él iba a forzar una respuesta antes de tiempo, y ella quiso rogarle que fuera paciente por el bien de los dos.
Él logró por fin soltar las palabras.
—Poppy, ¿estás empezando a preocuparte por mí?
—No —dijo ella con firmeza, pero eso no pareció amilanarle.
Harry apoyó la cara contra la de ella, rozándole la mejilla con los labios en (reabiertos en un beso tierno.
—¿Ni siquiera un poquito? —susurró él.
—Ni siquiera un poquito.
Él apretó la mejilla contra la de ella, con los labios jugueteando con los mechones de su pelo en la oreja.
—¿Por qué no quieres decírmelo?
Él era tan grande y cálido que todo lo que ella quería era rendirse.
Poppy comenzó a estremecerse ligeramente de dentro a fuera.
—Porque si lo hiciera, huirías de mí como alma que lleva el diablo.
—Jamás huiría de ti.
—Sí, claro que lo harías. Te volverías distante y me apartarías de tu lado, porque aún no estás dispuesto a aceptar lo que siento.
Harry apretó todo su cuerpo contra el de ella, apoyando ambas manos a los lados de la cabeza de Poppy.
—Dímelo —la urgió, tierno y amenazador—. Quiero oír cómo suena.
Poppy nunca había pensado que fuera posible divertirse y excitarse tanto a la vez.
—No, no quieres. —Lentamente, ella le rodeó la delgada cintura con los brazos.
Ojalá Harry supiera todo lo que ella sentía. En cuanto tuviera la certeza de que él estaba listo para oírlo, en cuanto estuviera segura de que su matrimonio no se resentiría con aquellas palabras, le diría lo muchísimo que le amaba. De hecho, estaba impaciente por hacerlo.
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—Odio que digas esas cosas tan cínicas —le espetó ella—. Cosas como ese estúpido comentario de que «sería una viuda muy rica».
—No debería haberlo dicho —se disculpó Harry con rapidez—. Ha sido injusto y desacertado. Debería haber considerado que estarías disgustada porque aún te preocupas por él…
Poppy se detuvo en seco y le clavó una mirada abominada y desdeñosa a la vez.
—¡Oh! ¿Cómo un hombre al que todo el mundo considera tan inteligente puede ser tan imbécil? —Negando con la cabeza, ella continuó su apresurada marcha por el camino.
Desconcertado, Harry la siguió.
—¿No se te ha ocurrido pensar —le dijo ella por encima del hombro, lanzándole las palabras como si fueran flechas— que podía disgustarme la idea de que alguien amenazara tu vida? ¿Qué podría horrorizarme la idea de que alguien llegara a nuestra casa blandiendo un arma con la clara intención de dispararte?
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Merripen se dirigió a Harry en voz baja, casi con cordialidad, como si se viera impulsado a conducir a un compañero de desventuras lejos del peligro.
—Sigue mi consejo, gadjo… Jamás se te ocurra discutir con tu mujer cuando esté en ese estado. Dile que te has equivocado y que lo sientes muchísimo. Y prométele que nunca volverás a hacerlo.
—Es que ni siquiera sé lo que he hecho —dijo Harry.
—Eso no importa. Tienes que pedirle perdón de todas formas.
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Comenzó a hablar en aquel tono que ella tanto odiaba. Un tono suave y divertido con el que quería dar a entender que todo le importaba un bledo.
—Debería haberlo planeado mejor. Si lo hubiera hecho bien, podría haberte convertido en una viuda rica y, así, Michael y tú habríais tenido un final feliz.
♥ ♥ ♥
Harry supo al instante que había metido la pata al soltar el típico comentario frío y sarcástico al que siempre recurría cuando sentía la necesidad de defenderse. Lo lamentó incluso antes de lanzarle a Merripen una mirada de reojo. El romaní meneó la cabeza en un gesto de advertencia y se pasó un dedo por la garganta.
A Poppy se le encendieron las mejillas y frunció el ceño.
—¡Cómo se te ocurre decir tal cosa!
Harry se aclaró la garganta.
—Lo siento —dijo bruscamente—. Estaba bromeando. Ese pobre hombre… —Se agachó cuando observó que algo pasaba volando junto a él—. ¿Qué demonios…?
Poppy le había lanzado un cojín.
—¡No quiero quedarme viuda! ¡No quiero a Michael Bayning! ¡Y no quiero que bromees con algo así, estúpido!
Ivanna Peñaloza Acevedo
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—Hay una cosa más que quiero pedirte. Un favor. Comprendo las razones por las que no podemos reconocer nuestra relación en público. Pero en privado, me gustaría que de ahora en adelante me concedas el honor de… bueno… de dejarme actuar como tu hermano.
Ella lo miró con las pupilas dilatadas, demasiado aturdida para responder.
—No tenemos por qué decírselo al resto de la familia hasta que estés preparada —dijo Harry—. Pero me gustaría no tener que ocultar la relación que nos une cuando estemos a solas. Eres mi única familia.

Ay qué lendo 😖😢

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Ivanna Peñaloza Acevedo compartió una citahace 2 años
A la atención del señor Jacob Valentine.
Hotel Rutledge
Embankment & Strand
Londres
Valentine:
Espero que cuando reciba esta misiva se encuentre bien. Le escribo para informarle de que la señora Rutledge y yo hemos decidido quedarnos en Hampshire hasta final de mes.
En mi ausencia, espero que siga encargándose de todo como de costumbre.
Le saluda atentamente,
J. H. Rutledge
Jake levantó la mirada de la carta con incredulidad.
«¿Encargándome de todo como de costumbre?».
Aquello, desde luego, no era lo acostumbrado.
—Bueno, ¿qué dice? —le apremió la señora Pennywhistle, mientras todos los que estaban en la oficina principal agudizaban el oído.
—Que no regresarán hasta final de mes —dijo Jake, anonadado.
Una extraña sonrisa curvó los labios del ama de llaves.
—Que Dios bendiga su alma. Lo ha conseguido.
—¿Qué ha conseguido?
Antes de que el ama de llaves pudiera responder, el conserje de más edad se acercó a ella y le preguntó en un tono discreto:
—Señora Pennywhistle, no he podido evitar escuchar la conversación. ¿Debo entender que el señor Rutledge se ha ido de vacaciones?
—No, señor Lufton —le dijo con una sonrisa de oreja a oreja—. Se ha ido de luna de miel.

Me encanta esta servidumbre xD

Ivanna Peñaloza Acevedo
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—¿Sabes lo que es un volante de compensación?
Ella negó con la cabeza.
—Cada reloj lleva uno. Gira de un lado para otro sin parar. Es lo que produce el sonido del tictac. Lo que hace que las manecillas se muevan hacia delante para que marquen las horas. Sin él, el reloj no funcionaría. Pues tú eres mi volante de compensación, Poppy. —Hizo una pausa, cerrando los dedos temblorosos sobre la barbilla de la joven y deslizándolos hacia su oreja—. Me he pasado todo el día pensando en cómo podía disculparme y ser sincero a la vez. Y, por fin, he encontrado el modo.
—¿Y cuál es? —susurró ella.
—Lamento no ser el marido que querías. —La voz de Harry se volvió ronca—. Pero te juro por mi vida que si me dices lo que deseas, te escucharé. Que haré todo lo que quieras. Pero, por favor, no vuelvas a abandonarme.
Ivanna Peñaloza Acevedo
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—Sé que debería disculparme por haberme interpuesto entre Bayning y tú.
—Sí, deberías —dijo ella.
—Pero no puedo. Jamás lo lamentaré. Porque de no haberlo hecho, ahora serías su esposa. Y él sólo te quería siempre y cuando no tuviera que renunciar a nada para tenerte. Pero yo te deseo a mi lado cueste lo que cueste. No porque eres hermosa, inteligente y adorable, aunque bien sabe Dios que eres todas esas cosas y más. Te necesito porque no hay nadie como tú, y porque no quiero empezar los días sin tenerte a mi lado.
Ivanna Peñaloza Acevedo
Ivanna Peñaloza Acevedo compartió una citahace 2 años
—¿Así que éste es ahora el entretenimiento de después de la cena? —preguntó Leo con sarcasmo, dando un paso adelante—. Si me hubierais preguntado, os hubiera dicho que prefería jugar a las cartas.
—Usted será el siguiente, Ramsay —dijo Harry con el ceño fruncido—. En cuanto acabe con Rohan, voy a hacerle pagar por haberse llevado a mi mujer de Londres.
—No —dijo Merripen con una tranquilidad mortal, dando un paso hacia delante—. Yo seré el siguiente. Y seré yo quien le hará papilla por haberse aprovechado de mi cuñada.
Leo desplazó la mirada de la cara de pocos amigos de Merripen a la de Harry, y puso los ojos en blanco.
—Ya veo que no pinto nada aquí —dijo, dirigiéndose hacia la salida del invernadero—. En cuanto Merripen acabe con él, no quedarán ni las migas. —Se detuvo al lado de sus hermanas y le habló a Win en voz baja—: Más vale que hagas algo.
—¿Por qué?
—Porque Cam sólo quiere hacerle recuperar el juicio a golpes, pero Merripen sí tiene intención de matarle, y no creo que a Poppy le agrade mucho la idea.
—¿Y por qué no le detienes tú, Leo? —le sugirió Amelia, secamente.
—Porque soy un noble. Nosotros los aristócratas siempre procuramos que sean los demás los que hagan el trabajo sucio. —Le lanzó a su hermana una mirada de superioridad—. Es lo que se conoce como «nobleza obliga».
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—¿Recuerdas cuando una de las gallinas se asustó tanto por el perro del vecino que se le cayeron todas las plumas? Bea obligó a mamá a hacerle un jersey.
Poppy se atragantó con el té, intentando contener la risa.
—No sabes la vergüenza que pasé. Todo el mundo en el pueblo vio a nuestra gallina calva pavoneándose por los alrededores con un jersey.
—Por lo que tengo entendido —dijo Amelia, con una amplia sonrisa—, Leo no ha vuelto a probar el pollo desde entonces. Dice que no puede comer algo que quepa la posibilidad de que pueda usar ropa.
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Una forma alargada y flexible cruzó como un rayo la puerta y se detuvo en seco. Era Dodger que en cuanto vio a Poppy comenzó a dar brincos de alegría antes de acercarse corriendo a ella.
—Dodger —exclamó Poppy, casi feliz de ver al hurón. El pequeño animal se subió a su regazo, la miró con los ojos brillantes y parloteó feliz mientras ella le daba palmaditas. Después de un momento, abandonó su regazo y se acercó a la señorita Marks.
La acompañante le dirigió una mirada severa.
—No te acerques a mí, odiosa comadreja.
Sin dejarse intimidar, el hurón se detuvo a los pies de la señorita Marks y se tumbó ante ella boca arriba, mostrándole la barriga. Para los Hathaway era un motivo de diversión que Dodger adorara a la señorita Marks, sin importar lo mucho que ésta le despreciara.
—Vete —le dijo, pero el enamorado hurón redobló sus esfuerzos para seducirla.
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