Monika Zgustova

Vestidas para un baile en la nieve

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    Cristina Liceagacompartió una citahace 3 años
    Tenía unos ojos enormes como… como un lago al despertar el día. Verdes, transparentes, unos ojos claros y buenos. A medida que iba adelgazando por los trabajos forzados, más se agrandaban sus ojos.
    aomartinecompartió una citahace 2 meses
    No fui yo quien salvó Varsovia ni Praga,
    no, mi culpa es irredimible,
    mi casa herméticamente sellada, condenada,
    la casa del mal, de la traición y el crimen.
    Encadenada a ella por eternas cadenas invisibles,
    encuentro alegría y veneno en esa casa temible,
    en un rincón oscuro, borracho, desgraciado,
    donde vive mi pueblo sin culpa y sin dios
    aomartinecompartió una citahace 2 meses
    Esta mujer es una presa por segunda vez, se dirá sin duda. Sí, podría parecer que soy prisionera de mi vejez y de mi invalidez. Pero ¡no! Tengo ojos y oídos, ¡sigo disfrutando de lo que hay a mi alrededor!
    Legnacompartió una citahace 5 meses
    Los libros tienen sus vidas, sus historias y destinos, igual que los hombres.
    Legnacompartió una citahace 5 meses
    La amistad y la literatura fueron los dos refugios de las mujeres rusas desterradas.
    Mariza Rodriguezcompartió una citahace 5 meses
    En el campo, este volumen de procedencia desconocida pasó por centenares, tal vez miles de manos. Los libros tienen sus vidas, sus historias y destinos, igual que los hombres. Nadie puede imaginarse lo que para los presos significaba un libro: ¡era la salvación! ¡Era la belleza, la libertad y la civilización en medio de la barbarie
    Cristina Liceagacompartió una citahace 3 años
    En aquella época se consideraba correcto delatar a los propios padres y no hacerlo era un delito condenable
    Cristina Liceagacompartió una citahace 3 años
    Al parecer, muchos practicaron el canibalismo: al huir se llevaban consigo una víctima previamente escogida y cebada y, cuando se agotaba la comida, la devoraban
    Cristina Liceagacompartió una citahace 3 años
    En la escuela los obligaban a recitar una oración frente al retrato de Stalin y los maestros les prometían que, si lo hacían bien, Stalin les ofrecería caramelos. “¡Reza por papá Stalin, chiquillo! El buen bátiushka te dará caramelos
    Cristina Liceagacompartió una citahace 3 años
    »Me doy cuenta de que sin mi experiencia en el gulag no sería como soy: una mujer que no teme a nada. En el gulag, de un hombre puede salir un monstruo humano. Pero si uno pasa por el campo y no se convierte en un ogro, sabe que en la vida ya no le puede pasar nada malo. Está acorazado. Ha pasado la prueba.
    Cristina Liceagacompartió una citahace 3 años
    Cuanto más espantosa era la existencia, más firme resultaba ser la amistad
    Cristina Liceagacompartió una citahace 3 años
    La juventud soviética no debe estarlo. La tristeza es decadente –me cortó la maestra
    Cristina Liceagacompartió una citahace 3 años
    ¿Sabes qué llevaba grabado en un anillo el rey Salomón?

    »Reflexioné, pero no se me ocurrió nada.

    »–Era una inscripción: “También esto pasará...”.
    Cristina Liceagacompartió una citahace 3 años
    Nadie puede imaginarse lo que para los presos significaba un libro: ¡era la salvación!
    Cristina Liceagacompartió una citahace 3 años
    «En el campo, este volumen de procedencia desconocida pasó por centenares, tal vez miles de manos. Los libros tienen sus vidas, sus historias y destinos, igual que los hombres.
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