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Sylvia Townsend Warner

Lolly Willowes

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  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 3 años
    Laura se quedó mirando la vela. Comprendía la inquietud de su padre y, supersticiosa como él, contuvo el aliento hasta que vio que la llama se enderezaba y que el primer chorro de cera de colores resbalaba sobre la titilante estrella de hojalata que sujetaba la vela
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 3 años
    Lady Place era grande, y lo suyo era que James se llevase a su esposa a vivir allí. También era lo suyo que su esposa sustituyese a Laura como señora de la casa. Las cuñadas discutieron sobre este punto con gran urbanidad, cada una insistiendo en el derecho de la otra, como dos reinas haciéndose reverencias en el vano de una puerta. Con todo, como Sibyl era la reina visitante tuvo que ceder ante Laura en lo que a urbanidad se refiere y asumir las responsabilidades del gobierno de la casa. Las sorteó con mucha ligereza, y nada más descubrir que estaba encinta volvió a endosárselas a Laura, que no olvidaba encargar los petits canapés cada vez que alguien venía a cenar
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 3 años
    No quería abandonar a su padre, y tampoco quería abandonar Lady Place. Su vida le satisfacía plenamente. No deseaba costumbres distintas de aquellas en las que se había criado. Con relajada diligencia desempeñaba su papel de señora de la casa, secundada a cada paso por veteranos sirvientes campesinos, tan enamorados del cómodo discurrir del día a día como lo estaba ella.
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 3 años
    Pero Everard callaba por tristeza. Creía de buena fe que el alivio que sentía al ver que los pretendientes en ciernes de Laura eran cortados de raíz se debía a su convicción de que ninguno era lo bastante bueno para ella
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 3 años
    esta no solo se habría debido a la debilidad de un Willowes por otro. La habían visto en casa, donde la viveza añadía color a sus mejillas y brío a su porte. Fuera de su hogar, y en compañía, no era nada despierta. No le gustaba salir, casi nunca asistía a fiestas formales salvo a aquellas en las que la presencia de la señorita Willowes de Lady Place era una cortesía obligatoria; y en ellas apenas hallaba motivos para ser vivaz
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 3 años
    Laura era de estatura media, flaca y bastante angulosa. Tenía la piel morena, tirando a cetrina; y era aún más morena en contraste con los ojos, que eran grandes, estaban muy separados y tenían ese tono de gris que no tira ni al azul ni al verde, sino que se queda en un negro muy diluido
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 3 años
    ignorancia de Laura, sin ser en lo que a su sexo se refiere tan desagradable como la erudición, era de una naturaleza tan anodina que carecía por completo de atractivo
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 3 años
    Everard y Laura jamás llegaron con James a ese grado de familiaridad que permite a los miembros de una misma familia aceptarse los unos a los otros en función de sus valores exteriores. Su amor por él estaba teñido de temor reverencial, ese temor que el amor aprende en el momento en que se descubre fútil
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 3 años
    Henry dejó a su padre y a su hermana buscando consuelo en aliviarse mutuamente. Pues aunque James estaba con ellos, y aunque la suya sí que era una pena sin reservas, era poco probable que fueran a recibir demasiada ayuda de su parte. Había estado en Alemania estudiando química, y cuando Everard y Laura enviaron el telegrama, calcularon cuánto tardaría en llegar a
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 3 años
    Laura aceptó lo inevitable. Tarde o temprano tendría que someterse a la condición de señorita
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