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Libros
Toine Heijmans

En el mar

  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 23 días
    ¿Señora? ¿Sigue ahí?
    —Aquí estoy.
    —Sí, el Ismael. Está localizado. Lo tenemos en el radar. Acabo de intentar contactar con él por radio. Está fondeado. Su marido debe de estar dormido. Seguro que espera al amanecer para ponerse en marcha. Yo que usted no me preocuparía, señora. Quizá esté pendiente de la tormenta
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 23 días
    Pasamos volando por delante de ellas. Por delante de las boyas. Como un aerodeslizador. Como en una montaña rusa. No necesito hacer nada, el barco se mueve solo. Cuando navego así me gustaría continuar sin tener que bajar a tierra nunca más. Rodear Inglaterra de nuevo. Pero eso no se hace llevando a una niña a bordo. Una niña encantadora. La niña más encantadora del mundo. Dormida en la cabina de proa.
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 23 días
    Si me doy prisa, podemos entrar en el puerto de Harlingen a la salida del sol. He dormido, no falta mucho, estoy alerta, debo concentrarme. Antes de que se den cuenta estaré de vuelta.
    Arranco el motor. Izo la vela mayor. Se agita con suavidad contra el mástil, soltando finas gotas. La vela refleja la luz de la luna. Largo la escota de la vela mayor, fijo la driza, aflojo el amantillo, tenso la trapa; soy capaz de manipular todos los cabos a ciegas. Puedo llevar este velero a casa con los ojos cerrados.
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 23 días
    De pronto entiendo lo que ha pasado. Tiene su lógica. Por la noche se ha levantado para ir al baño. Justo en el momento en que yo he ido a la cabina de proa. Mientras yo la buscaba, ella estaba en el baño. ¿Por qué no he caído antes?
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 23 días
    Consulto el sistema de navegación para comprobar dónde estoy. La posición apenas ha variado. El viento ha apartado el barco y la corriente lo ha devuelto a su sitio. Por eso me he encontrado el barco en el lugar donde lo había dejado, como cuando está fondeado. Ni que me hubiera estado esperando, a modo de un perro fiel. A mí, y a María.
    Estoy de pie en la bañera, junto al timón, con la ropa empapada. O lo que queda de ella: una camiseta y mi pantalón de agua.
    Son las cinco de la tarde.
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 23 días
    Yo mismo me lo he buscado. Quería lanzarme a la aventura. Los libros de aventuras suelen contar historias heroicas. El hombre contra el mar. El hombre contra la montaña. El hombre contra la selva. El hombre contra la naturaleza. Sin embargo, la aventura en la que me he embarcado yo no tiene nada de romántico. La mía es fría como una piedra.
    La gente normal huye de las aventuras, y con razón. El montañero sabe que su suerte está en manos de la montaña. ¿Acaso le importa a la montaña que el montañero se despeñe?
    Mi suerte está en manos del mar. ¿Acaso le importa al mar que yo fracase? Hasta ahora lo consideraba mi socio, un amigo con quien compartir experiencias. Tenía tres amigos de verdad: Hagar, María y el mar
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 24 días
    Dios, qué cansado estoy. Me tiemblan las piernas. Se me entrecorta la respiración, jadeo aceleradamente. Debo buscar mejor. Me quedan algunas latas de Red Bull. Las saco de la bolsa que se encuentra junto a la entrada de la cabina. Me las bebo
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 24 días
    Si vienen, sé lo que me van a preguntar esos hombres en traje salvavidas. Y también sé qué les contestaré. Soy consciente de lo fácil que es llamarlos por la radio. Aun así no lo hago. No quiero hombres en mi barco. No quiero preguntas. No ha desaparecido; ya me las arreglaré yo solo. Para eso soy el capitán, el padre.
    Cuelgo la radio. El aparato se apaga.
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 24 días
    Se llama María. Tiene siete años. Y tres diplomas de natación. Vestía un pijama rosa, de felpa. De esa tela gruesa, ya sabe. Es su pijama preferido. En realidad le está pequeño, pero, verá, le tiene cariño y cuando se lo pone duerme bien. Es importante que duerma. También lo dice su madre. La he acostado a las ocho y media, con Flappy. Su osito polar. De peluche, claro. Y después no he ido a verla, no.
  • Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 24 días
    El barco está equipado con un sistema de navegación que indica la posición exacta. Tiene un botón rojo. El botón de emergencia. El botón MOB (man over boat), hombre al agua, es el que se espera no tener que usar jamás.
    Lo pulso para fijar el lugar en el que he descubierto que mi hija ha desaparecido.
    No es el mejor sitio, encajonado entre la isla de Terschelling y la ruta de los grandes buques en tránsito, la autopista donde los petroleros y los portacontenedores navegan en caravana. No es una zona fácil. El barco se ve muy pequeño, así en mitad del mar, y mi mundo se ha vuelto igual de pequeño.
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