Si me doy prisa, podemos entrar en el puerto de Harlingen a la salida del sol. He dormido, no falta mucho, estoy alerta, debo concentrarme. Antes de que se den cuenta estaré de vuelta.
Arranco el motor. Izo la vela mayor. Se agita con suavidad contra el mástil, soltando finas gotas. La vela refleja la luz de la luna. Largo la escota de la vela mayor, fijo la driza, aflojo el amantillo, tenso la trapa; soy capaz de manipular todos los cabos a ciegas. Puedo llevar este velero a casa con los ojos cerrados.