Konrad O El Niño Que Salió De Una Lata De Conservas, Christine Nöstlinger
Christine Nöstlinger

Konrad O El Niño Que Salió De Una Lata De Conservas

Avisarme cuando se agregue el libro
Para leer este libro carga un archivo EPUB o FB2 en Bookmate. ¿Cómo puedo cargar un libro?
Michelle Roacho
Michelle Roachocompartió una citael año pasado
—Encontrarse con un hijo, bueno, está bien. No tengo nada en contra. Pero el padre me da rabia. A él no lo necesito. ¡Y tampoco lo he buscado!
Michelle Roacho
Michelle Roachocompartió una citael año pasado
Llamamos su atención sobre el extremo de que los niños-instantáneos, en cualquier circunstancia y en cualquier época de su vida, continúan siendo propiedad de la fábrica y sólo son entregados a los padres, igual que el aparato telefónico, a título de préstamo, para su crianza y disfrute
Michelle Roacho
Michelle Roachocompartió una citael año pasado
—Se llamaba clase de sentimiento de culpabilidad, y los niños-instantáneos que no la dominaban a la perfección, no podían salir de la fábrica —Pero, de pronto, Konrad se calló asustado porque no podía hablar de la fábrica
Michelle Roacho
Michelle Roachocompartió una citael año pasado
la cara de Konrad no se llenó de felicidad. Por el contrario, Konrad parecía triste. Se tragó el bombón y luego dijo:

—Gracias, estaba muy bueno, pero me oprime.

—Vamos, Konrad —dijo riendo la señora Bartolotti—, un bombón no puede oprimirte el estómago, para eso tendrías que haberte comido toda un bolsa.

Konrad sacudió la cabeza y explicó que elbombón no le oprimía el estómago, sino la conciencia, porque comer bombones antes de irse a la cama era algo prohibido. A él le causaba opresión todo lo que estaba prohibido.
Michelle Roacho
Michelle Roachocompartió una citael año pasado
—Konrad, ¿qué te pasa?

La señora Bartolotti se levantó en seguida, sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón y le secó las lágrimas. Konrad sollozó:

—Lloro porque no s,é qué es lo que debo hacer. Los niños deben escuchar con atención cuando las madres hablan, o cuentan algo, o cantan. Pero deben dejar de escuchar cuando se dice, o se cuenta, o se canta algo indecoroso.

—¿Es que he cantado yo algo indecoroso?

Konrad asintió. La señora Bartolotti estaba sinceramente asustada y prometió solemnemente a Konrad no cantar o decir nunca más algo indecoroso. Konrad dejó de sollozar.
Michelle Roacho
Michelle Roachocompartió una citael año pasado
Chocolate, molinillo,
corre, corre, que te pillo.
A estirar, a estirar,
que el demonio va a pasar
Michelle Roacho
Michelle Roachocompartió una citael año pasado
—¿Dónde puedo jugar?

—¿Dónde? —la señora Bartolotti no había comprendido la pregunta.

—Quiero decir que cuál es mi rincón para jugar.

La señora Bartolotti nunca había oído hablar de un rincón para jugar. Konrad le explicó que los niños tienen, o un rincón para jugar, o un cuarto de juegos. Y, como en el piso de la señora Bartolotti no había un cuarto de juegos, dijo, ella debía asignarle un rincón para jugar.
Michelle Roacho
Michelle Roachocompartió una citael año pasado
He estado mirando un buen rato por la ventana y he visto muchos niños; entre ellos había algunos de mi edad y llevaban otras cosas muy distintas a éstas.

—Pues ¿ qué llevaban?.

—Pantalones gris claro y camisas de cuadros o de rayas y encima chaquetas azules o marrones.

—¡Porque la gente es terriblemente aburrida! —dijo la señora Bartolotti— Porque no tienen fantasía y a todos les gusta lo mismo y no se atreven a nada.
Michelle Roacho
Michelle Roachocompartió una citael año pasado
La mayoría de las veces llevaba vestidos que a la gente le parecían raros. O no se adaptaban a la época del año o a la ocasión de la que se trataba. La señora Bartolotti iba a jugar al tenis con pantalón negro, llevaba vaqueros a la Opera, iba a la lechería con vestido largo de seda y al cine, con ropa de montañero.

—Lo que tú quieres es irritar a la gente con estas cosas —aseguraba Egon, el farmacéutico.

Pero no era así. La señora Bartolotti no quería molestar a nadie. Cogía un vestido cualquiera del armario. Un día le apetecía ponerse algo rojo y, como los pantalones de montañero eran de ese color, se ponía los pantalones de montañero.
Michelle Roacho
Michelle Roachocompartió una citael año pasado
encontró en el sobre la señora Bartolotti un papel duro, con los bordes recortados en pico. En él, con letras adornadas y en tinta azul claro, estaba escrito:

Queridos padres, acaba de hacerse realidad vuestro más ferviente deseo.

Nosotros, los fabricantes, les deseamos felicidad y satisfacciones con su retoño.

Que sea siempre fuente de alegría para ustedes y colme las, esperanzas que han puesto en él y en nuestra empresa.

Nos hemos esforzado por garantizarles un descendiente agradable, simpático y con un gran porvenir.

¡Acéptenlo de buen grado!

No les resultará difícil esta aceptación, ya que nuestros productos son sumamente fáciles de manejar y de cuidar. Los defectos, imperfecciones, impuestos por la naturaleza, no existen en nuestros acabados productos de alta perfección técnica.

Y por último, un ruego.

Este retoño esta construido de tal modo que, además de la vigilancia y cuidados normales, necesita afecto.

¡Les rogamos que no lo olviden!

Mucha felicidad para un largo futuro les desea,
Michelle Roacho
Michelle Roachocompartió una citael año pasado
se podía leer: DISOLUCIÓN NUTRITIVA. Y debajo, en letras más pequeñas:

Disolver el contenido de la bolsa en cuatro litros de agua templada e inmediatamente después de abrir la lata, verterlo sobre el contenido de la misma.
Michelle Roacho
Michelle Roachocompartió una citael año pasado
la señora Bartolotti vertió lentamente el agua parduzca sobre la cabeza del enano arrugado. A decir verdad, ella esperaba que el agua cayera sobre el enano como un ducha y que se vertiera parte en la lata y parte en el suelo. Pero no sucedió así. El enano absorbía toda el agua marrón y se iba poniendo cada vez más terso, hasta que ya no pareció un enano, sino un niño bastante normal.

Cuando la señora Bartolotti acabó de verter los cuatro litros, halló en la lata un muchacho al que se le podían calcular unos siete años de edad. Tenía un sano color, tostado por el sol, una piel de niño tersa y delicada, mejillas sonrosadas, ojos de color azul claros, blanca dentadura y rizos rubios. Naturalmente, estaba desnudo.
Michelle Roacho
Michelle Roachocompartió una citael año pasado
La señora Bartolotti hacía las más bellas y coloreadas alfombras de nudo de toda la ciudad
Michelle Roacho
Michelle Roachocompartió una citael año pasado
La se‍­ño‍­ra Bar‍­to‍­lot‍­ti se había acos‍­tum‍­bra‍­do a cum‍­plir las ór‍­de‍­nes y los en‍­car‍­gos sólo cuan‍­do le lla‍­ma‍­ban «cria‍­tu‍­ra». Su madre hacía tiem‍­po que había muer‍­to y el señor Bar‍­to‍­lot‍­ti hacía tiem‍­po que se había ido a vivir a otra parte; a nadie le in‍­tere‍­sa‍­ba por qué, era un asun‍­to pri‍­va‍­do. En todo caso, la se‍­ño‍­ra Bar‍­to‍­lot‍­ti no tenía a nadie más que a sí misma que le lla‍­ma‍­ra «cria‍­tu‍­ra».
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)