Libros
Fernando Savater

El traspié

Al final de su vida, el filósofo Arthur Schopenhauer alcanzó –al menos en parte— el reconocimiento público de su obra que durante tanto tiempo se le había negado. Una joven y prometedora artista, Elisabeth Ney, solicitó permiso para hacerle un busto. Halagado, el gran pesimista accedió a esta petición. Durante varios meses posó para la joven y entre tanto conversó con ella de todo lo imaginable. Entre el viejo pensador célebre por su misoginia y la bella artista se trabó una relación extrañamente dulce. En algunos momentos, Schopenhauer pareció revisar su opinión sobre el género femenino…
En esta comedia filosófica, elocuente y sutil, se imagina una de aquellas sesiones entre la escultora y su ilustre modelo. El filósofo exhibe sus ideas ante una oyente tan atenta como ocasionalmente irónica. Se repasa el destino del hombre, orgulloso de sus certezas y martirizado por sus perplejidades. Mientras, la superstición ronda, llega un forastero atrevido, se prepara una invocación a los espíritus y la carne dicta urgencias que se burlan de los alambicados sistemas intelectuales. Y suena al fondo una alegre melodía de Rossini…
50 páginas impresas
Publicación original
2013
Año de publicación
2013
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Citas

  • Adal Cortezcompartió una citahace 3 años
    En el fondo, quisiera ser capaz de pensar como Marco Aurelio, quien dijo que preocuparnos por la consideración que hemos de merecer a los hombres del futuro es tan insustancial como lamentar no haber sido conocido por los hombres del pasado.
  • Josué Osbournecompartió una citahace 3 años
    Es la eterna cuestión: a los hombres sólo nos gusta retener a las mujeres capaces de dejarnos. ¿Qué gracia tiene cargar con la que no tiene más remedio que aferrarse a uno? De modo que yo estaba muy orgulloso del amor de Teresa y a la vez infinitamente receloso de todo el que se acercaba a ella. Veía rivales por todas partes
  • Josué Osbournecompartió una citahace 3 años
    En cierto modo. En lo tocante al renombre, por triste que sea decirlo, los humanos nunca estamos satisfechos. La fama es como el agua del mar: cuanto más bebemos de ella, más sed tenemos. A este respecto, ya lo ve, no soy mejor que los demás. Le parecerá a usted pueril, ¿verdad? Perdón, vuelvo a moverme.

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