Honoré de Balzac

Eugenia Grandet

    Alejandra Beltráncompartió una citahace 3 años
    En cualquier situación, las mujeres tienen más motivos de sufrimiento que los hombres y padecen más que ellos.
    Luis Torrescompartió una citael año pasado
    No, no; no se trata de dinero, sino de su hija Eugenia. Todo el mundo habla de ella y de usted.

    ––¿Por qué se meten en lo que no les importa? En casa soy dueño de hacer lo que me dé la gana.

    ––No lo discuto; puede usted matarse o, lo que es peor, tirar el dinero por la ventana.

    ––¿A qué viene esto?

    ––¡Ah, amigo, usted no se da cuenta de las cosas! Su mujer está en peligro de muerte. Creo que debería usted consultar al señor Bergerin. Si muriese sin haber tenido los cuidados que merece, me figuro que no estaría usted tranquilo.

    ––¡Ta, ta, ta! Usted sabe lo que tiene mi mujer. Los médicos, en cuanto ponen un pie en mi casa, no se contentan con menos de cinco o seis visitas por día.

    ––En fin, Grandet, usted hará lo que quiera. Somos viejos amigos; no hay en todo Saumur hombre que se tome más interés en sus cosas; me he creído en la obligación de decirle lo que le he dicho. Pero ahora no tengo más que añadir; es usted mayor de edad y sabrá lo que le conviene. No es éste el asunto que me trae. Se trata de algo más grave para usted, me figuro. Al fin y al cabo, usted no tiene ganas de matar a su mujer, que con sólo vivir le presta un gran servicio. Piense usted en la situación en que va a quedar respecto a su hija cuando ella falte. Tendrá que rendir cuentas a Eugenia, puesto que se casó usted con su mujer bajo el régimen de comunidad de bienes. Su hija tendrá derecho a reclamar la división de la herencia, de exigir la venta de Froidfond. Es la heredera de su madre a quien usted no puede suceder.

    Tales palabras cayeron como un rayo sobre el viejo tonelero que no estaba tan ducho en leyes como en comercio. Jamás le había pasado por la cabeza la idea de una venta forzosa de sus bienes.

    ––Por eso le recomiendo a usted que la trate con dulzura ––dijo Cruchot para terminar.

    ––Pero, ¿sabe usted lo que ha hecho?

    ––¿Qué? ––preguntó el notario, curioso por conocer la causa del disgusto.

    ––Ha dado el oro que yo le había regalado.

    ––¡.Acaso no era suyo? ––dijo el notario.

    ––¡Todos me dicen lo mismo! ––exclamó el tonelero dejando caer los brazos con trágico desaliento.

    ––¡Por una miseria no va usted a dificultar las concesiones que tendrá que pedir a Eugenia en cuanto fallezca su madre!

    ––¿Llama usted miseria a seis mil francos de oro?
    Luis Torrescompartió una citael año pasado
    Eugenia, estás en mi casa, en casa de tu padre. Para seguir en ella debes someterte a sus órdenes. Los curas te mandan que me obedezcas. Eugenia bajó la cabeza.

    ––Me ofendes en lo que más quiero ––prosiguió––. Sólo te quiero ver sumisa… Ve a tu cuarto. Estarás encerrada hasta que te dé permiso para salir. Nanón te llevará pan y agua. ¿Has oído? Pues, andando.
    Luis Torrescompartió una citael año pasado
    “Por él, ––se repetía––, soy capaz de sufrir mil muertes.”
    Luis Torrescompartió una citael año pasado
    En cualquier situación, las mujeres tienen más motivos de sufrimiento que los hombres y padecen más que ellos. El hombre cuenta con la fuerza y con el ejercicio de su pujanza: actúa, piensa, abarca el porvenir del que obtiene consuelos. Es lo que hacía Carlos. Pero la mujer se queda quieta, cara a cara con su

    dolor; nada la distrae; desciende hasta el fondo del abismo, lo mide y a menudo lo colma con sus anhelos y sus lágrimas. Es lo que hacía Eugenia. De este modo se iniciaba en su destino. Sentir, amar, sufrir, sacrificarse, éste será siempre el texto de la vida femenina. Y Eugenia debía ser mujer en todo, excepto en su aptitud para consolarse.
    Luis Torrescompartió una citael año pasado
    Para él, Eugenia no tardó en convertirse en la ideal Margarita de Gothe, pero sin haber cometido la falta.
    Luis Torrescompartió una citael año pasado
    Al advertir la fría desnudez de la casa paterna, la pobre muchacha se desesperaba de no poderla poner en consonancia con la distinción de su primo.
    Luis Torrescompartió una citael año pasado
    Grassins, amigo mío, he invitado a comer a ese joven. Tendrás que ir a invitar a los señores de Laesonnière, a los Hautoy, con su linda hija, naturalmente. Y Dios quiera que ese día le dé por vestirse con gracia. Su madre, por celos, la lleva hecha un adefesio. Espero, señores, que ustedes nos harán el honor de venir ––agregó parando la comitiva y volviéndose hacia los dos Crouchot.
    Luis Torrescompartió una citael año pasado
    Caballero, si quiere usted hacernos el honor de venir a vernos, tanto a mi marido como yo nos sentiremos halagadísimos. Nuestro salón es el único de Saumur en que hallará usted reunidas a la burguesía acomodada y a la nobleza: pertenecemos a las dos sociedades que no quieren encontrarse más que en casa, porque allí se divierten. Mi marido, se lo digo a usted con orgullo, está tan bien considerado por unos como por otros. Le ayudaremos a soportar el aburrimiento de este destierro. ¡Si se quedase usted en casa del señor Grandet, la haría usted buena! Su tío de usted es un tacaño que sólo piensa en sus majuelos; su tía es una beata incapaz de barajar dos ideas y su primita una niña tonta, sin educación y sin dote, que se pasa la vida remendando trapos de cocina.

    “Esta mujer está la mar de bien”, díjose Carlos Grandet, correspondiendo a las monerías de la señora de Grassins,,

    ––Me parece, esposa mía, que tú quieres acaparar al señor ––dijo riendo el banquero grande y gordo.
    Luis Torrescompartió una citael año pasado
    Se le habían ocurrido más ideas en un cuarto de hora que desde el día que vino al mundo.
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