Citas de “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad

Emanuel Valerio
Emanuel Valerio compartió una citahace 2 años
La luna extendía sobre todas las cosas una fina capa de plata, sobre la fresca hierba, sobre el muro de vegetación que se elevaba a una altura mayor que el muro de un templo, sobre el gran río, que resplandecía mientras corría anchurosamente sin un murmullo. Todo aquello era grandioso, esperanzador, mudo, mientras aquel hombre charlaba banalmente sobre sí mismo.
Yessi Pa
Yessi Pacompartió una citahace 2 meses
La marea fluye y refluye en su constante servicio, ahíta de recuerdos de hombres y de barcos que ha llevado hacia el reposo del hogar o hacia batallas marítimas.
Yessi Pa
Yessi Pacompartió una citahace 2 meses
Existía entre nosotros, como ya lo he dicho en alguna otra parte, el vínculo del mar. Además de mantener nuestros corazones unidos durante largos periodos de separación, tenía la fuerza de hacernos tolerantes ante las experiencias personales, y aun ante las convicciones de cada uno.
Sebastian Guerra
Sebastian Guerracompartió una citahace 4 meses
Además de mantener nuestros corazones unidos durante largos periodos de separación, tenía la fuerza de hacernos tolerantes ante las experiencias personales, y aun ante las convicciones de cada uno.
Pensaba que su recuerdo era como los otros recuerdos de los muertos que se acumulan en la vida de cada hombre… una vaga huella en el cerebro de las sombras que han caído en él en su rápido tránsito final.
No tenía una clara percepción de lo que realmente quería. Tal vez era un impulso de inconsciente lealtad, o el cumplimiento de una de esas irónicas necesidades que acechan en la realidad de la existencia humana
Tal vez toda la diferencia estribe en eso; tal vez toda la sabiduría, toda la verdad, toda la sinceridad, están comprimidas en aquel inapreciable momento de tiempo en el que atravesamos el umbral de lo invisible
Permanecí aquí, para soñar la pesadilla hasta el fin, y para demostrar mi lealtad hacia Kurtz una vez más. El destino. ¡Mi destino! ¡Es curiosa la vida… ese misterioso arreglo de lógica implacable con propósitos fútiles! Lo más que de ella se puede esperar es cierto conocimiento de uno mismo… que llega demasiado tarde… una cosecha de inextinguibles remordimientos. He luchado a brazo partido con la muerte.
Es la contienda menos estimulante que podéis imaginar. Tiene lugar en un gris impalpable, sin nada bajo los pies, sin nada alrededor, sin espectadores, sin clamor, sin gloria, sin un gran deseo de victoria, sin un gran temor a la derrota, en una atmósfera enfermiza de tibio escepticismo, sin demasiada fe en los propios derechos, y aún menos en los del adversario. Si tal es la forma de la última sabiduría, la vida es un enigma mayor de lo que alguno de nosotros piensa
Las largas extensiones que eran siempre como una misma e igual extensión, se deslizaban ante el barco con su multitud de árboles seculares que miraban pacientemente a aquel desastroso fragmento de otro mundo, el apasionado de los cambios, las conquistas, el comercio, las matanzas y las bendiciones
La oscura corriente corría rápidamente desde el corazón de las tinieblas, llevándonos hacia abajo, hacia el mar, con una velocidad doble a la del viaje en sentido inverso. Y la vida de Kurtz corría también rápidamente, desintegrándose, desintegrándose en el mar del tiempo inexorable
Ninguna elocuencia hubiera podido marchitar tan eficazmente la fe en la humanidad como su estallido final de sinceridad. Luchó consigo mismo, también.
¡Rebeldes! ¿Cuál sería la próxima definición que debía yo oír? Había oído hablar de enemigos, criminales, trabajadores… ahora de rebeldes. Aquellas cabezas rebeldes me parecían muy apaciguadas desde sus postes
Aquellas cabezas rebeldes me parecían muy apaciguadas desde sus postes
La selva había logrado poseerlo pronto y se había vengado en él de la fantástica invasión de que había sido objeto. Me imagino que le había susurrado cosas sobre él mismo que él no conocía, cosas de las que no tenía idea hasta que se sintió aconsejado por esa gran soledad… y aquel susurro había resultado irresistiblemente fascinante. Resonó violentamente en su interior porque tenía el corazón vacío
Miré a mi alrededor, y no sé por qué, pero puedo aseguraros que nunca antes, nunca, aquella tierra, el río, la selva, la misma bóveda de ese cielo tan resplandeciente, me habían parecido tan desesperados y oscuros, tan implacables frente a la fragilidad humana
sonrisas y fruncimientos de la frente, se mezclaban en su rostro como el sol y la sombra en una llanura asolada por el viento.
Todo le pertenecía. Aquello me hizo retener el aliento en espera de que la barbarie estallara en una prodigiosa carcajada que llegara a sacudir hasta las estrellas. Todo le pertenecía… pero aquello no significaba nada. Lo importante era saber a quién pertenecía él, cuántos poderes de las tinieblas lo reclamaban como suyo
Finalmente logré formar el fantasma de sus méritos gracias a una mentira
La acción distaba mucho de ser agresiva, ni siquiera era defensiva en el sentido clásico. Se había iniciado bajo la presión de la desesperación, y en esencia era puramente protectora.
A pesar de lo inesperados, salvajes y violentos que fueron, me habían dejado una impresión de irresistible tristeza. La contemplación del vapor había llenado a aquellos salvajes, a saber por qué razón, de un dolor desenfrenado. El peligro, si existía, expliqué, residía en la proximidad de una gran pasión humana desencadenada. Hasta el dolor más agudo puede al fin desahogarse en violencia, aunque por lo general tome la forma de apatía…
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