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Libros
Emily Bronte

Cumbres borrascosas

Heathcliff, variante del héroe malvado byroniano, es un niño raro y huraño que sólo habla una especie de extraño galimatías. Tras aparecer abandonado en la calle, será adoptado por una familia… Así conocerá a Catherine Earshaw. Y entre ellos se creará un vínculo más profundo y terrible que el amor humano, una historia que va más allá de lo épico.

Cumbres borrascosas, situada en los sombríos y desolados páramos de Yorkshire, constituye una asombrosa visión metafísica del destino, la obsesión, la pasión y la venganza. Publicada por primera vez en 1847, un año antes de morir su autora, es una novela apasionada y tempestuosa cuya sensibilidad se adelantó a su tiempo. En un ambiente dominado por el misterio y el puritanismo, con una carga latente de ingenuidad y tragedia, se desarrolla con fuerza arrebatadora esta historia de venganza y odio, de pasiones desatadas y amores desesperados que van más allá de la muerte y que hacen de ella una de las obras más singulares y atractivas de todos los tiempos.

Tuvo que esperar varias décadas hasta que la crítica y los lectores estuvieron en situación de apreciar hasta qué punto suponía una auténtica renovación de la literatura inglesa. Sin embargo, el lector de nuestros días no podrá escapar al poder de seducción que emana de este clásico, una de las obras literarias más sólidas e inmortales que jamás se han escrito, y una de las más leídas.
418 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2021
Año de publicación
2021
Editorial
EDHASA
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Citas

  • Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 7 meses
    Wuthering Heights: Wuthering es un expresivo epíteto dialectal, proveniente del verbo wuther, que significa «rugir o bramar con furia».
  • Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 7 meses
    me admiré de que alguien pudiera atribuir sueños inquietos a los que duermen en tierra tan apacible
  • Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 7 meses
    Heathcliff (me estremece nombrarle) apenas estuvo en casa desde el domingo hasta hoy. Si le alimentaban los ángeles del cielo, o su parentela del infierno, es cosa que no sé decir; mas con nosotros no ha comido casi en una semana. Con el alba volvía a casa, subía a su habitación y se encerraba dentro, como si nadie soñara en codiciar su compañía. Y allí permanecía, rezando como un metodista

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