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Libros
Juan García Ponce

La Noche

  • BOSQUE.compartió una citahace 4 años
    pero estamos circundados por el peso de nuestra propia soledad y las respuestas a nuestras preguntas sólo pueden encontrarse en nosotros mismos.
  • Prado Morales Javier Santiagocompartió una citahace 2 meses
    Al fin, el padre de Amelia bajaba del tranvía, la madre le pedía a ella que fuera a ayudarle a preparar la cena y yo me quedaba conversando con él: toros y política; nunca tocamos otros temas.

    Roles d

  • juancrossettecompartió una citahace 4 meses
    Estar en posesión de un secreto nos compromete siempre en cierta medida y nos obliga a compartir lo que tenga de bueno o de malo, el júbilo o el dolor que encierra.
  • Lina Quezadacompartió una citael año pasado
    el viajar en camión o en cualquiera otra cosa, abandonándome a esa especie de inconsciencia que da la sensación de que el tiempo se ha detenido y sólo hay que esperar, sin poner nada de nuestra parte, para llegar al lugar al que se va,
  • BOSQUE.compartió una citahace 4 años
    terribles que sean nuestros actos, estoy seguro de que tiene que haber algo que nos lleve a comprenderlos y justificarlos, porque de otro modo el mundo carecería de sentido y nos quedaríamos solos, incapaces de soportar nuestro dolor.
  • BOSQUE.compartió una citahace 4 años
    Estar en posesión de un secreto nos compromete siempre en cierta medida y nos obliga a compartir lo que tenga de bueno o de malo, el júbilo o el dolor que encierra.
  • BOSQUE.compartió una citahace 4 años
    Pensé entonces que siempre estamos solos, mucho más solos de lo que podemos imaginar y que los fugaces encuentros se realizan de una manera inesperada y arbitraria, manera que tal vez determina su fragilidad.
  • BOSQUE.compartió una citahace 4 años
    Componemos todo con la imaginación y somos incapaces de vivir la realidad simplemente.
  • BOSQUE.compartió una citahace 4 años
    Cualquier cosa es mejor que una necesidad que nunca es satisfecha.
  • BOSQUE.compartió una citahace 4 años
    ni he logrado que ella, la Cecilia verdadera, se vea tal cual es: niña frágil, absurda, tímida y descarada, exasperante, imposible, exigente y débil, sorprendente siempre y desesperadamente independiente, inasible, tan difícil de penetrar y tan desequilibrada, y a veces, también, tan tonta, empeñada en vivir en una edad irrecuperable y tratando siempre de cambiar el sentido de sus actos, hablando todo el tiempo sin decir nada y con una mirada que de pronto parecía abarcarlo todo, con la pasividad inagotable de la luna.
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