Además, sé que me quiere, y por eso le quiero yo. Señor Heathcliff, usted no tiene nadie que lo quiera, y, por desgraciados que nos haga, siempre tendremos la ventaja de pensar que su crueldad proviene de su desgracia, todavía mayor que la nuestra. Porque usted es muy desgraciado, ¿verdad? ¡Está tan solo como el diablo, y es tan envidioso como él! Nadie lo quiere y nadie llorará su muerte. ¡No quisiera hallarme en su lugar!