Soledad Barruti

Mala Leche. El supermercado como emboscada

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Ximena García Rodríguezcompartió una citahace 6 meses
productos y los ingredientes tienen que ser fáciles. Explicarse a sí mismos o aprovechar la publicidad para educar al consumidor en lo importante que resultan.
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Alcanza con decir que aún hoy no hay ningún estudio que pruebe de manera contundente la utilidad de consumir bacterias aisladas y reinsertadas en comestibles.
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Pienso en lo fácil que es sacar ventaja de la confusión. Cuando nadie, ni muchísimos profesionales de la salud, hacen algo tan básico como dar vuelta un producto y leer el rótulo a ver qué contiene el postrecito antes de recomendarlo
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La que logró meterlo de lleno entre microscopios de última generación: la parte de los probióticos que habilitan promesas como inmunidad fuerte, desarrollo intelectual y tránsito rápido.
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allá de la cantidad solo con consumirlo no alcanza. Para que el calcio se asimile hace falta actividad física, vitamina D (que produce la exposición al sol) y vitamina K (presente por ejemplo en las espinacas). A la vez es crucial que no haya un excesivo consumo de fósforo y sodio: nutrientes que, curiosamente, abundan en muchos de los ultraprocesados que aseguran ofrecer el tan ansiado mineral, y en las dietas industriales en general.
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Mientras el debate continúa, Harvard propuso ampliar la lista de alimentos que contienen calcio (y otros muchos beneficios) sumando coliflor, almendras y espinaca.

Pero si hay alguien a quien le resulta crucial que haya lácteos en la mesa tres veces por día es a una compañía lechera como La Serenísima o fabricante de yogures y postres como Danone.
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Pero lo que es bueno y necesario para el negocio no lo es tanto para la salud. La alergia a la proteína de leche de vaca es la alergia alimentaria que más creció en los últimos años. Hay estudios que muestran cómo los niños que consumen leche cruda no sufren asma ni eczema, como sí sucede con los que consumen la leche pasteurizada.2 Hay otro estudio que sugiere que la homogeneización puede provocar inflamación (las moléculas encogidas son más fácilmente permeadas por los intestinos) y problemas cardíacos (cuanto más pequeña es la molécula de grasa, más pequeña se vuelve también la membrana que la recubre y la protege, y una vez en contacto con el oxígeno, esa molécula es fácilmente oxidable, y la grasa oxidada deviene colesterol oxidado, que inflama las arterias). El daño que sufren las grasas en la deshidratación es la principal crítica que se hace de la leche en polvo.
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la fábrica, la leche se vuelve un producto industrial. Se pasteuriza para matar el 99 por ciento de las bacterias que la componen (diez segundos a setenta y dos grados), o se ultrapasteuriza para matar el 100 por ciento (cinco segundos a doscientos grados), se descrema para darle una materia grasa pareja, se recrema con el mismo propósito (agregando 1,5 por ciento de crema a la descremada y 3 por ciento a la entera), se homogeniza friccionando las moléculas de grasa (que son diferentes unas de otras) hasta dejarlas del mismo tamaño, diminutas y estables, con el objetivo de que no haya separación o elevación a la superficie de la materia grasa. Finalmente, la mayor parte es deshidratada y transformada en leche en polvo: un producto inerte que se puede almacenar y comercializar por años.

Queremos leche de vaca pero siempre y cuando se parezca lo menos posible a leche de vaca.
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Y esto puede ser así porque la leche no se vende como la mayoría de los alimentos, buscando tentar, sino casi como un remedio: una fórmula que vehiculiza vitaminas, minerales y hasta antioxidantes.
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grupo de pastores ordeñó a sus animales por primera vez hace siete mil años) a adaptación biológica (lo que hace falta para que tomarla de grande no resulte indigesto).
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idea se difundió país por país. Entre alianzas con gobiernos y profesionales de la salud, la flamante industria convenció a los consumidores de que bebería era bueno para todo: los dientes, los huesos, la digestión, la piel tersa, el sosiego, el peso y el buen ánimo.
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producto que era, a lo sumo, un alimento más en algunas (pocas) culturas alimentarias, fue elevado a la categoría de grupo alimentario propio que no puede faltar en ningún momento de la vida. Sobre todo en la infancia, donde la leche de ese animal rumiante de quinientos kilos y cuatro patas reemplazó a la de nuestra propia especie
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Además, una cosa es que haya hierro y otra que al cuerpo se le antoje asimilarlo: el proceso de absorción del hierro pareciera orientado más a su eliminación que otra cosa, por una sencilla razón: si se sobreacumula, intoxica.
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Capitalismo mediante, la leche se hizo negocio fabuloso y monumental. ¿Cómo? Justamente así: se la convirtió en un superalimento.
Ximena García Rodríguezcompartió una citahace 6 meses
“Intentar comer buscando evitar los malos nutrientes y asegurarnos los buenos genera una gran ansiedad, sobre todo en las madres y los padres que no solo quieren que sus hijos tengan los nutrientes básicos, sino que también buscan que reciban los últimos hallazgos: los nutrientes que van a optimizar su salud, ayudando a ponerlos por encima del promedio general. Para las marcas, ofrecer comestibles generando me dijo Scrinis por teléfono. Así, guiados por expertos que encuentran en ese paradigma el mejor modo para construir y preservar su autoridad científica y sus intereses, la sociedad fue avanzando hacia un desconocimiento total de lo que le conviene comer y llevar a su hogar para que los niños coman
Ximena García Rodríguezcompartió una citahace 6 meses
Profesor de la Universidad de Melbourne e investigador, Scrinis es además autor de Nutricionism (Nutricionismó), el libro en el que explica qué hay detrás de esta ideología reduccionista que atraviesa a la ciencia para ser fuertemente aprovechada por la industria.
Ximena García Rodríguezcompartió una citahace 6 meses
sal con yodo o la harina refinada pero reforzada con ácido fólico, hierro, tiamina, riboflavina y niacina fueron propuestas concretas de acción pública que mejoraron la salud de aquellos que no tenían acceso a dietas variadas y completas.
Ximena García Rodríguezcompartió una citahace 6 meses
ese contexto las sociedades, temerosas y atentas, se empezaron a preguntar qué debían comer para no pescarse algo de eso. La respuesta debió haber sido: alimentos de verdad. Las frutas, las verduras, los cereales integrales, las carnes de siempre. Pero, siguiendo el paradigma reduccionista que estaba naciendo en la emergencia, lo que se armó fue una receta de nutrientes: yodo, vitamina B, vitamina C, vitamina A.
Ximena García Rodríguezcompartió una citahace 6 meses
El paradigma que ubica a los nutrientes por delante de los alimentos parte de una búsqueda honesta: la de saber de qué dependemos para estar saludables
Ximena García Rodríguezcompartió una citahace 6 meses
Gracias a la evolución de propuestas fortificadas del sector lácteos, en Latinoamérica los yogures sostienen un aumento de ventas de entre un 5 y 7 por ciento anual desde hace diez años. Lo que podría ser una buena noticia si no fuera que se trata de una línea de productos ultraprocesados, repletos de cosas que nadie precisa comer, y nutrientes agregados bajo una idea con mucho más marketing que ciencia que la respalda.
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