Citas de “Cómo desarrollar su intuición” de Bernard Baudouin

Jackson Suárez
Jackson Suárezcompartió una citahace 2 años
lo más natural y auténtico es lo más simple.
Jackson Suárez
Jackson Suárezcompartió una citahace 2 años
Dejemos de ser espectadores de la realidad, de «nuestra» realidad: ¡inventémosla!
Viviana
Vivianacompartió una citael año pasado
Desafortunadamente, a menudo las creencias de los seres humanos son las que limitan su campo de experiencia y, asimismo, su comprensión, su aceptación del mundo
admitir que el hombre dispone en su interior de todos los recursos necesarios para efectuar las elecciones más juiciosas para su trayectoria vital.
Dicho con otras palabras, relajarse es volver a aprender a vivir, a escuchar nuestros ritmos internos.
Relajarse es volver a encontrar una unidad de existencia, armonizando de nuevo todas las funciones en una sola dirección, siguiendo el mismo ritmo. Es tomar conciencia del mínimo gesto, vivir plenamente la menor de nuestras expresiones, tanto físicas como mentales, y dejar que cada uno de nuestros impulsos tenga tiempo de materializarse, de afirmarse, de existir.
«Comprobada, validada, autentificada», después de entrar de frente en nuestra conciencia, la intuición ocupa un lugar en lo vivido por nosotros. A través de la información que transporta —de la realidad que transpone con una sorprendente perspicacia—, marca nuestros actos con su huella: se transforma en acciones.
Cuando se difuminan las intensas vibraciones del descubrimiento, cuando la intuición ha encontrado su lugar en nuestra conciencia con todo su derecho y se impone en nuestro presente, llega el momento de darle todo el valor utilizando las informaciones que nos ha proporcionado. Sólo en esas condiciones el trabajo realizado previamente, inconsciente en esencia, alcanzará todo su sentido.
El surgimiento de la intuición es en sí un fenómeno fuera del tiempo y el espacio. Sólo queda sensación y vibración en esta manifestación tan particular, no mesurable, no cuantificable, y, con todo, con tanta presencia que nuestra mente —y con ella todo nuestro ser— se le entrega al instante.
Cuando el lento encadenamiento interno llega a su término, la intuición puede finalmente surgir en plena conciencia. Poco importan entonces el momento o la actividad en curso: es imperativo que la intuición alcance rápidamente las capas superiores de la conciencia y «salpique» literalmente el presente con la evidencia de la que es portadora.
Una vez planteados, de forma inconsciente, los elementos básicos que caracterizan nuestra pregunta o nuestra problemática en cuestión, desde el punto de vista de la intuición aparece una fase de maduración, que se puede comparar fácilmente con una incubación, una germinación.
El simple hecho de tener en la mente un pensamiento que nos preocupa, un asunto que nos exige tomar una decisión importante, es una oportunidad para activar en nuestro interior, sin el menor recurso a una petición consciente, el proceso de la intuición.
todos los investigadores competentes en la materia así lo atestiguan, que se puede deliberadamente y a sabiendas provocar la intuición..., lo que en realidad no tiene nada de extraordinario, puesto que ya lo hacíamos antes, pero de forma inconsciente.
La intuición no se debe nunca, por tanto, a la casualidad, por la simple razón de que su existencia misma necesita un tema, un sujeto, un interrogante latente para expresarse y aflorar a la superficie de nuestra conciencia. En este sentido, la intuición es, por esencia, una reacción, que, bajo el abrigo de un fuerte estímulo, nos da un nuevo impulso para seguir adelante.
su primera vocación es la de aportarnos informaciones, revelarnos una verdad escondida, llevar a la luz de nuestra conciencia elementos susceptibles de enriquecer nuestro entendimiento.
No se puede entender realmente el alcance de este fenómeno si no se asume de entrada un dato fundamental: aunque aparezca de pronto frente a nuestra conciencia, como si surgiera de «otra parte», la intuición no nos es ajena o exterior. Por el contrario, en realidad es sólo un medio —interno en nuestro propio funcionamiento— de restablecer la conexión con la fuente de nuestro ser más profundo, con esa energía vital que alimenta nuestra existencia.
Los trabajos de Sheldrake apelan a la capacidad de cada uno de utilizar esta aptitud de resonancia con los otros seres humanos, pero también con todo lo que nos rodea, para acentuar el proceso de «transmisión de informaciones», una de cuyas formas más directas y cargadas de sentido es la intuición.
mación (explicando así el funcionamiento de la intuición). Entonces sería posible tener acceso al “genio de los demás” y a la información del universo, sin límite de tiempo y espacio, ya que el único límite sería la “facultad de resonancia” y el “nivel de conciencia de cada uno”».[21]
Igualmente, en el campo de las experiencias de la bioquímica y la biología celular, encontramos al británico Rupert Sheldrake, que, en el marco ya evocado de la definición de los «campos mórficos» (memorias de informaciones específicas colectivas), plantea la hipótesis de la «causalidad formativa», que intenta demostrar que «el universo estaría formado por dos constituyentes: la energía-materia y la infor
mental, equivalen a mil palabras cuidadosamente organizadas en una sabia demostración.
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