Libros
Esther Hernández

Una nave de sexo y ficciones

El desenfreno erótico, el despecho, el amor lésbico o el miedo a la violencia de género, que es necesario combatir siempre y de cualquier modo, son algunos de los temas presentes en esta recopilación de relatos. Una nave de sexo y ficciones, de alguna manera consigue que la ficción y el sexo se equiparen en una cosa: ambos nos ayudan a explorar, por medio de la palabra y la imaginación, nuestras vivencias más personales.
Pero este conjunto de relatos no sólo gira en torno al erotismo, sino que contiene historias de locura y pasión. Hay una gran multiplicidad de voces narrativas, no nos encontramos con un solo punto de vista, debemos encarar muchos. El lector se verá drásticamente enfrentado a lo más bajo y a lo más noble del ser humano, como en la vida misma. La tragedia, el humor, el sarcasmo, el dolor y la soledad se entrecruzan en los fragmentos de esta obra, caracterizando a personajes únicos, tan diversos y con reacciones tan inesperadas que todo el tiempo sorprenden y atan.
Las protagonistas de estos relatos se adentran en ese universo del deseo y emociones sexuales, reservado hasta hace pocas décadas únicamente al hombre.
Ahora la mujer no sólo expresa sus pensamientos más íntimos, sino también elige cómo y cuándo hacerlo.
Esther Aparicio vuelve a emocionar con esta obra, sobre todo cuando leemos por ejemplo: «Patricia Hernández pasa la tarde haciendo ganchillo para sobrevivir». Describe la visión más anodina y amarga de la mujer; de una mujer a veces sin futuro ni respuestas, o: «Confundo a veces el rostro del deseo con el del amor. Soy así de ingenua». Pero todo no es una confesión cotidiana, que a todos nos suena; también hay alegría, humor y una puerta abierta por donde respirar aire puro y fresco.
82 páginas impresas
Publicación original
2013
Año de publicación
2013
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Opiniones

    b7177173313compartió su opiniónhace 4 años
    🎯Justo en el blanco

Citas

    Francisco Zavalacompartió una citael mes pasado
    Sofía, los muertos y los vivos no pueden mirarse”.
    Francisco Zavalacompartió una citael mes pasado
    quel cuerpo que últimamente se había llenado de redondeces, aunque aun tuviera un olor casi lácteo. Ella le miraba entonces sonrojada, “adiós”,
    Francisco Zavalacompartió una citael mes pasado
    Ya no volveré a bajar hasta que no te hayas marchado. Hasta no estar segura de que tu alma ya redimida se ha escapado de ese vanidoso envoltorio que tanto daño me ha hecho

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