Desde el corazón del mundo, Mother Teresa
Mother Teresa

Desde el corazón del mundo

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b3129771029compartió una citahace 3 años
En una ocasión, un australiano nos hizo una importante donación. Mientras lo hacía, dijo: “Esto es algo exterior. Ahora quiero dar algo de mí mismo”. Viene con regularidad al albergue de los moribundos para afeitar a los enfermos y conversar con ellos. Este hombre no sólo da su dinero, sino también su tiempo. Podría gastarlo en sí mismo, pero lo que quiere es dar de sí.
A menudo pido donaciones que nada tienen que ver con el dinero. Hay tantas otras cosas que podemos dar. Lo que deseo es la presencia del donante, para que toque a aquellas personas a quienes ayuda, para que les sonría, les preste atención. Todo esto es muy significativo para ellas.
Le insisto a la gente en que se una a nuestro trabajo, para beneficio nuestro y el de todos. Nunca les pido dinero ni cosas materiales. Les pido que traigan su amor, que ofrezcan el sacrificio de sus manos. Cuando estas personas se encuentran con personas necesitadas, su primera reacción es hacer algo. Cuando vienen por segunda vez, ya se sienten comprometidas. Después de algún tiempo, sienten que pertenecen a los pobres y
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se llenan de la necesidad de amar. Descubren quiénes son y qué es lo que ellas mismas pueden dar.
Creo que una persona que se apega a la riqueza, que vive con la preocupación del dinero, es en realidad muy pobre. Si esta persona pone sus bienes al servicio de otros, entonces es rica, muy rica.
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El amor, para ser real, debe costar —
debe doler — debe vaciarnos de nosotros mismos”.
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Buscar el rostro de Dios en todo, en todos, en todas
partes, todo el tiempo, y ver Su mano en todo acaecer
— esto es la contemplación en el corazón del mundo”.
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Nosotras [las Misioneras de la Caridad] estamos llamadas a la contemplación en el corazón del mundo, así:
Buscando el rostro de Dios en todo, en todos, en todas partes, todo el tiempo, y viendo Su mano en todo acaecer.
Viendo y adorando la presencia de Jesús, especialmente en la humilde apariencia del pan y en la angustiosa apariencia del pobre.
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El silencio del corazón, amando a Dios con nuestro corazón, alma, mente y fuerza, y amándonos unos a otros como Dios ama, evitando todo egoísmo, odio, envidia, celos y avaricia.
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Para hacer posible el verdadero silencio interior, practica lo siguiente:
El silencio de los ojos, buscando siempre la belleza y bondad de Dios en todas partes, cerrándolos a las faltas de los demás y a todo lo que es pecaminoso y perturbador para el alma.
El silencio de los oídos, escuchando siempre la voz de Dios y el llanto de los pobres y de los necesitados, cerrándolos a todas las otras voces que provienen de la naturaleza humana decadente, tales como las habladurías, los chismes y las palabras poco caritativas.
El silencio de la lengua, alabando a Dios y diciendo la Palabra de Dios, dadora
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El silencio de la mente, abriéndola a la verdad y al conocimiento de Dios en la oración y en la contemplación, como María, que meditaba sobre las maravillas del Señor en su corazón, y cerrándola a toda falsedad, distracciones, pensamientos destructivos, juicios apresurados, falsas sospechas, pensamientos vengativos y deseos.
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