Sandra Lorenzano

  • Daniela Castillocompartió una citahace 10 meses
    Para Mariana, porque las huellas de la memoria
    también pueden ser dulces.
  • Daniela Castillocompartió una citahace 10 meses
    Si no nos comunicamos es como si viviéramos cerca. Al lado casi. Pero si nos llamamos se hace evidente la distancia; el tiempo que llevamos viviendo separados.
  • Daniela Castillocompartió una citahace 10 meses
    Leerlo, escribirlo, no sirve para exorcizar ni para conjurar. Sirve nada más para poner algunas piedras en el camino del miedo.
  • Daniela Castillocompartió una citahace 10 meses
    Unas pocas anécdotas y la comida, cada tanto, en su casa. La herencia, la memoria, nos permitía ir ligeros de equipaje. O eso creíamos.
  • Sandracompartió una citahace 2 años
    La opresión hacia las mujeres se ha sostenido sobre la supresión de lo erótico, dice, dado el poder que conlleva. «En la sociedad occidental, se nos ha enseñado a desconfiar de este recurso, envilecido, falseado y devaluado». Como consecuencia desconfiamos de un poder que reside en nuestro interior, enraizado en lo femenino, lo espiritual, lo ancestral, lo no racional. Hay ahí una fuerza a la que no deberíamos renunciar; una fuerza que es plenitud e intensidad.
  • Sandracompartió una citahace 2 años
    Es cierto, nos obligan a ser jóvenes y bellas para siempre. También a ser buenas amantes, buenas madres, buenas profesionales, buenas administradoras, a ir al gimnasio y comer sano, a ser inteligentes sin que las neuronas opaquen el «sex appeal» (whatever that means) y la simpatía, etcétera, etcétera. Esta lista me recuerda el «Arroz con leche» que cantaba mi abuela: «Arroz con leche, me quiero casar con una señorita de San Nicolás. Que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar». Para nosotras hoy, esa lista de cualidades de la señorita elegida en el «Arroz con leche» parece haber crecido hasta el infinito.
  • Sandracompartió una citahace 2 años
    Porque el confinamiento fue encierro, pero nos dejó a la intemperie; sin protección, expuestos, en contacto cotidiano con nuestra propia fragilidad (qué diestros somos en épocas «normales» para ocultar y ocultarnos esa fragilidad).
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