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Stig Dagerman

Stig Dagerman (Älvkarleby, 1923 — Enebyberg, 1954). Nacido en la Suecia rural de principios del siglo xx, a los 11 años se trasladó definitivamente a Estocolmo. Militó desde muy joven en los círculos anarcosindicalistas suecos y escribió para su prensa; se integró en la sección juvenil de la Sveriges Arbetares Centralorganisation (SAC), a la que pertenecía su padre desde 1920.Entre los 21 y los 26 años escribió cuatro novelas, cuatro piezas de teatro, una colección de novelas cortas y un gran número de artículos, crónicas y reportajes. Influido por los novelistas estadounidenses de los años veinte, publicó la novela La serpiente (1945), que reflejaba la ansiedad y el temor resultantes de la II Guerra Mundial. En 1946 emprendió un viaje por la Alemania destruida como corresponsal del Expressen.En 1954 se suicidó dando lugar al mito del escritor joven, brillante y melancólico.
vida del autor: 5 Octubre 1923 4 Noviembre 1954

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Sandra Viviana Chisaca Leivacompartió una citahace 8 meses
En el otoño de 1946, las hojas otoñales cayeron por tercera vez después del famoso discurso de Churchill sobre la inminente caída de las hojas.
Sandra Viviana Chisaca Leivacompartió una citahace 8 meses
¿Qué distancia habrá entre la literatura y el sufrimiento? ¿Dependerá esta distancia de la naturaleza del sufrimiento, de su intensidad o del espacio que los separa? ¿La obra literaria está más próxima del sufrimiento que causa el reflejo del fuego o del que nace del propio fuego? Ejemplos cercanos tanto en el tiempo como en el espacio muestran que hay una relación casi directa entre la literatura y el sufrimiento lejano, cerrado, y se podría incluso decir que el solo hecho de sufrir con otros es una forma de literatura que busca ardientemente sus palabras. El sufrimiento inmediato, abierto, se diferencia del sufrimiento remoto en particular porque no busca sus palabras, en cualquier caso no lo hace en el momento que acaece. En comparación con el sufrimiento cerrado, el sufrimiento abierto es tímido, callado y retraído.
Sandra Viviana Chisaca Leivacompartió una citahace 9 meses
[…] Estoy desprovisto de fe y no puedo, pues, ser dichoso, ya que un hombre dichoso nunca llegará a temer que su vida sea un errar sin sentido hacia una muerte cierta. No me ha sido dado en herencia ni un dios ni un punto firme en la tierra desde el cual poder llamar la atención de Dios; ni he heredado tampoco el furor disimulado del escéptico, ni las astucias del racionalista, ni el ardiente candor del ateo. Por eso no me atrevo a tirar la piedra ni a quien cree en cosas que yo dudo, ni a quien idolatra la duda como si ésta no estuviera rodeada de tinieblas. Esta piedra me alcanzaría a mí mismo ya que de una cosa estoy convencido: la necesidad de consuelo que tiene el ser humano es insaciable.
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