Pienso en lo inútil que ha sido lo que recuerdo de Dresde, y en lo tentador que ha sido escribir sobre Dresde y me viene a la cabeza la famosa quintilla:
Un hombre de la frontera
hablaba así a su manguera:
«Me has dejado en la ruina
y con la salud nada fina,
y ahora ni para mear me sirves siquiera».