La escritura es un acto colectivo. Si bien es cierto que la redacción tiene un dejo de intimidad y que cada quien decide cómo y dónde escribir –en una biblioteca, un estudio privado o un café lleno de gente–, el proceso creativo, sinuoso e imperceptible, se gesta desde el trato con amigxs, amantes, familiares, colegas y desconocidxs. Cuando los textos han sido terminados, se publican para que las palabras encuentren lectores, y continúan los diálogos que, a su vez, provocan obras nuevas.
Los libros, sin embargo –siempre con un título y un solo autor que en la cubierta o en el lomo autentifican la creación individual–, suelen sumarse a una visión personal, no
grupal, del quehacer literario. La colección Conversaciones apunta en sentido contrario y une tres voces para hacer del libro un espacio de reflexión colectiva.
La intención de compartir la escritura, de hacerla en comunidad de recordar que no es un acto tan silencioso como pensamos