Pero la Eulalia no juzga porque eso le corresponde a Dios, aunque igual le da algo en la guata cuando la ve hacer la fila para la comunión, los días en que hay cura, claro, que los otros domingos hacen la liturgia entre ellas mismas nomás y no hay quién consagre las hostias. Igual el padre Jerónimo siempre ha sido bien claro para esas cosas: hay que darle comida al que tenga hambre, y la Jimena, pobrecita ella, en el fondo es una hambrienta. Aunque ya no, supone la Eulalia, porque se va poniendo vieja, no tanto como ella, pero igual ya ve difícil que le arranque suspiros a los hombres. La vida es así.