M.B. Brozon

Nació en la Ciudad de México en 1970. Es narradora, escritora y guionista de cine y radio. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana y un diplomado en Creación Literaria y otro en Dirección Artística en Cine, en la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem). Desde pequeña le gustó escribir, pero se dedicó de lleno a este oficio cuando ganó el Premio de Literatura Infantil El Barco de Vapor, de la Fundación SM con su novela ¡Casi medio año! En 1997 ganó el Premio A la Orilla del Viento, del Fondo de Cultura Económica, con Odisea por el espacio inexistente. En 2007 fue merecedora del Premio Nacional de Cuento Infantil Juan de la Cabada con el libro Memorias de un amigo casi verdadero y un año después, ganó el premio Gran Angular de Ediciones SM con la novela 36 kilos. Obtuvo nuevamente el premio Barco de Vapor en 2001, con Las princesas siempre andan bien peinadas.

Citas

Selcompartió una citahace 2 meses
Después de entregarnos el examen, la maestra Sofía nos tuvo media hora oyendo un discurso acerca del futuro. Y de que hay que estudiar mucho para ser alguien en la vida. Yo pienso que hay que estudiar mucho para ser alguien en el trabajo, porque en la vida vamos a seguir siendo alguien aunque no estudiemos.
Selcompartió una citahace 2 meses
Esa noche llegamos a la casa y mi mamá nos mandó a la cama, pero yo no pude dormirme. Di muchas vueltas y un rato después me levanté; me asomé a la sala y vi a mi mamá sentada en el suelo, mirando las cenizas que estaban en la mesita. Estaba llorando. Me acerqué a ella y quise decirle algo para consolarla, pero yo estaba igual de triste y no pude decir nada. También lloré, la abracé y así nos quedamos los dos hasta que nos dormimos. En la madrugada desperté sobre el sillón, tapado con una cobija y mi mamá seguía sentada frente a la mesita. No había dormido nada. Me senté junto a ella y le di un beso. Estuvimos callados un rato hasta que mi mamá acarició el bultito de las cenizas y me preguntó:
—¿Qué hacemos con ellas?

Yo no tenía ninguna idea que pareciera buena y sólo me encogí de hombros. Luego mi mamá le preguntó a Tomasa y ella le dijo que lo mejor que podía hacer era ponerlas en un árbol. Teníamos un árbol —bueno, todavía lo tenemos— junto a la puerta de entrada del departamento, y mi mamá y yo plantamos ahí las cenizas que sobraron de mi papá. Yo era tan tonto que llegué a pensar que a lo mejor crecía otra vez mi papá en la maceta. Por supuesto que esto nunca pasó, pero el árbol se puso muy bonito y hasta hoy sigue ahí, enorme y lleno de hojas. Quizás esto también es una tontería, pero cuando veo al árbol, tan grande y fuerte como era mi papá, haciendo guardia junto a la puerta del departamento, es como si mi papá estuviera todavía aquí en la entrada de la casa para cuidarnos. A ese árbol lo cuidamos muy bien y lo regamos diario. Antes mi mamá acostumbraba ponerle una taza de café caliente todas las mañanas, porque mi papá siempre lo tomaba, pero dejó de hacerlo porque una amiga le dijo que el café caliente les hacía daño a los árboles. Ahora sólo le pone el polvito que sobra cuando se hace el café. También platica con él cuando lo riega y, aunque siempre se fija que no haya nadie alrededor, a veces sin querer me ha tocado oírla. Desde entonces Tomasa le puso “Charlie” al árbol, porque así le decía a mi papá, que se llamaba Carlos. Cada vez que llega le dice al árbol, “quiúbole, Charlie” y también se despide, “hasta lueguito, Charlie”. Si fuera cualquier otra persona la que hubiera bautizado así al árbol de mi papá, lo saludara y se despidiera de él, yo me enojaría porque parece broma. Pero con Tomasa no me enojo porque sé cuánto quería a mi papá, y a lo mejor de veras piensa que algo se quedó de él en el árbol. A mí me gustaría que así fuera, aunque de todos modos mi papá siempre está en mis recuerdos. Cada noche, antes de acostarme, pienso en los ratos padres que pasamos juntos. Ahora que me he acordado de todo esto para escribirlo parece que mi papá se hubiera ido hace muchísimo tiempo.
Y me doy cuenta de cuánto lo he extrañado.
Selcompartió una citahace 2 meses
Después no enterraron a mi papá, como pasa siempre en las películas, sino que lo incineraron. Yo acompañé a mi mamá, pero no entramos. Luego salió un hombre y le dio a mi mamá un paquetito con las cenizas de mi papá. Cuando vi eso lloré mucho, no podía creer que mi papá con todo lo grande y fortachón que había sido, acabara en una bolsita tan pequeña. Mi mamá había conseguido un recipiente muy elegante para poner las cenizas en un compartimiento secreto de la iglesia, junto a las de mi abuela y las de un montón de difuntos más. Y a la hora de vaciar las cenizas resultó que eran más de las que cupieron en el envase elegante y sobraban unas poquitas. Mi mamá hizo un bultito con ellas y lo guardó. Mi tía Cristina le dijo que para qué las quería, que mejor las dejara ahí en la iglesia. Mi mamá no dijo nada, sólo le dio un manazo y apretó el bultito contra su estómago.

Opiniones

lucennaa30compartió su opiniónel año pasado
👍Me gustó

Mi libro favorito de la infancia

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    M.B. Brozon
    Casi medio año
    • 350
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    • 12
    • 19
  • sonia elenacompartió su opiniónhace 2 años
    💞Romántico
    😄Divertido
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