Juguemos
Hay un juego.
Ser niños y mirar a la gata.
Hacerla enojar por no quitarle los ojos de los ojos.
Gana el que soporta más el peligro.
Mientras se le vuelcan las pupilas,
nosotros juntamos urgencia.
La rabia le llega a las patas,
avanza y retrocede,
maúlla con la boca cerrada.
Estoy entrenada. Voy a ganar otra vez.
Es como aguantar las manos
del viejo de al lado.