Marcos Di Cesare

  • pablo descalzocompartió una citael mes pasado
    el contrario, creer en vos como autor de un logro, va a dibujar en tu cara una sonrisa inolvidable y honesta, y eso es algo que podés guardar para utilizar en los momentos de duda, cuando las defensas bajen. Aprender una frase como “yo creo en mí” antes de encarar la batalla diaria de la vida puede resultar de vital importancia. Las frases “yo puedo” o “yo soy de los que hacen” van a llevarte, inevitablemente, a la evolución. A veces pienso en las personas que no disfrutan el camino, y me cuesta comprenderlas, como me cuesta comprender haber sido una de ellas.
  • pablo descalzocompartió una citael mes pasado
    Lo peor de dudar no es la parte práctica, es lo que se sufre dudando. Cuando estás sentado sin haber hecho nada, autodestruyéndote a “no-puedos”, inmóvil, inerte, siendo nada, ni siquiera un intento, la duda te lleva a mirar hacia afuera, a buscar aprobación, a ver sólo las posibilidades del otro, y eso no es recomendable, es algo lamentable.

    Sí, vas a tener gente que te va a estimular para que lo intentes, pero si necesitás de ellos para hacerlo, estás complicado. A mí me gusta llamarlos placebos, y no son más que otro tipo de excusas. Te aviso que no sirven, o sólo sirven como una motivación secundaria, pasajera, vaga.
  • pablo descalzocompartió una citael mes pasado
    “No se debe tropezar dos veces con la misma piedra”, una boludez grande como una casa: yo tropecé mil veces con la misma piedra. ¿Y sabés qué? ¡Voy a seguir tropezando! ¿Hasta cuándo? Hasta que aprenda. Vos, ¿cuántas veces te caíste de la bicicleta? ¿A la segunda caída ya abandonaste? No. Te caíste todas las veces que necesitaste para aprender a andar. Del error se aprende. El error vuelve una y otra vez para enseñarte. Tenés que aprender a querer al error, enamorarte de él; porque amarlo, nutrirte de su enseñanza, será tu salida del abismo.
  • pablo descalzocompartió una citael mes pasado
    al tigre le importa un carajo la suerte del jabalí, y no le interesa qué pensarán otros tigres, ni otros jabalíes. Tampoco le importa qué pensarán los veganos, o cuán atormentada se haya levantado hoy Greta Thunberg. El tigre tiene hambre, quiere comer, ve carne, se manda, va con todo. Y si puede con su presa, come. Si no lo logra, no se echa al piso a lamentarse: sin dudar, busca otra presa. De algo estamos seguros: no va a parar hasta que coma, no se va a morir de hambre.

    Comparemos: te gusta una persona y tenés ganas de decírselo. Sos un tigre, divisaste a tu presa. Te acercás, le decís lo que tenés que decir, no importa qué, no hay un manual, aunque decirle la verdad no estaría mal. Por ejemplo, le decís simplemente que te gusta. Listo. Terminó la historia (o comenzó una buena historia). Terminó la duda. ¡Sos libre, chau cárcel! No importa lo que esa persona te responda, porque ese es su asunto, su propia elección. Ya sé, te vas a basar en el ejemplo de antes y me vas a decir que el jabalí no elije. Y yo te digo: el jabalí podría haber estado más atento, no alejarse de la manada, etcétera. Si el jabalí estaba ahí, podía ser cazado. Si la persona del ejemplo andaba por ahí, una de las posibilidades era que vos fueras y le dijeras que te gustaba. Somos las elecciones que hacemos y las decisiones que tomamos. Odiás leer esto, ¿no?
  • Vale Callisaya mamanicompartió una citahace 2 años
    convirtieron en un referente del
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