Nos encontramos aquí con el derecho del pasado, tal y como alguna vez fue, a incitar y rectificar nuestra reestructuración narrativa de la historia. Recordamos nuestra deuda con aquellos que han vivido, sufrido y muerto. Nos recordamos, por ejemplo, que las cámaras de gas y los gulags sí existieron, que Nagasaki y Cambodia fueron bombardeados, que personas inocentes han sufrido los crímenes políticos y las injusticias a lo largo de los siglos. Estas no son abstracciones. Personas sufrieron y murieron.