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Rebecca Smethurst

  • Brigida Choncompartió una citahace 3 meses
    La perrita Blackie no entendía que el cielo estuviese

    lleno de estrellas muertas, cuando mirarlas la hacía sentir tan viva.
  • nahuima98compartió una citahace 2 meses
    trata de un tipo de materia que sabemos que está ahí por su atracción gravitatoria, pero que no podemos ver porque no interactúa con la luz.
  • nahuima98compartió una citahace 2 meses
    En eso consiste la ciencia: en reconocer aquello que no sabemos. Cuando lo hacemos, entonces podemos progresar, y eso vale para la ciencia, para el conocimiento o para la sociedad en general.
  • nahuima98compartió una citahace 2 meses
    los años, la ciencia nos ha enseñado que los agujeros negros son, de hecho, los objetos más brillantes de todo el universo.
  • nahuima98compartió una citahace 2 meses
    griegos también se fijaron en esas «estrellas errantes», y las llamaron justamente así: planētai, de donde procede el término moderno planeta.
  • eemilyruiz50compartió una citahace 2 meses
    No fue hasta 2002 cuando las observaciones confirmaron que, de hecho, lo único que podía haber en el centro de la Vía Láctea era un agujero negro supermasivo.
  • eemilyruiz50compartió una citahace 2 meses
    llevo menos de diez años investigando sobre los agujeros negros,
  • eemilyruiz50compartió una citahace 2 meses
    Ese año, a prácticamente nadie se le había pasado por la cabeza la idea de un agujero negro. Más tarde, en la década de 1920, estos eran meras curiosidades teóricas, que resultaban en especial irritantes a físicos como Albert Einstein porque violentaban sus ecuaciones y parecían antinaturales.
  • eemilyruiz50compartió una citahace 2 meses
    gracias en parte al trabajo de los físicos británicos Stephen Hawking y Roger Penrose, y del matemático neozelandés Roy Kerr, que resolvió las ecuaciones de la relatividad general de Einstein en el caso de un agujero negro giratorio. Esto condujo, a principios de la década de 1970,
  • eemilyruiz50compartió una citahace 2 meses
    Habría que esperar a la década de 1920 para conocer su auténtica naturaleza: una isla de estrellas por derecho propio, situada a millones de años luz de la Vía Láctea. Este descubrimiento transformó radicalmente toda nuestra perspectiva sobre la magnitud del universo y nuestro lugar en él
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