Tenemos que resignarnos a que la realidad, la mayoría de las veces, nos envuelva como un constructo de estrés. Los realistas confesos tienen razón cuando insisten en la obligación del sentido de la realidad. Los verdaderos liberales añaden el sentido de la posibilidad: nos recuerdan que no podemos saber todo lo que llegará a ser posible, cuando la gente encuentre la manera de desprenderse de las construcciones coactivas del colectivo.